Category: Práctica Budista / Dharma ~ Translator: Claudio Sabogal
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En el episodio anterior (Parte 1) hablé de lo que no es el límite de tu práctica, y de lo que sí es. Expliqué por qué es valioso mantenerse en contacto con ese límite, y cuál es el primer paso para encontrarlo. Luego presenté la idea de que primero practicamos por el bien de nuestro propio sufrimiento, después practicamos por el bien de los demás, y finalmente practicamos por el bien del Dharma. Estoy usando esta enseñanza para organizar mi exposición, y en el primer episodio hablé de encontrar el límite de tu práctica cuando estás sufriendo. Ahora paso a las otras dos motivaciones para la práctica.
Contenido
El Límite de tu Práctica Cuando “Practicas por el Bien de los Demás”
Mirar tus Relaciones a Través del Lente de la Práctica
El Límite de Tu Práctica Cuando “Practicas por el Bien del Dharma”
- Pregúntate Cómo Quieres Vivir de Verdad, y Contempla la Impermanencia
- Presta Atención a lo que Permanece sin Resolver
- Pregúntate qué No Has Visto Todavía
El Límite de tu Práctica Cuando “Practicas por el Bien de los Demás”
Si perseveras lo suficiente, llega un punto en la práctica del Dharma en que tu sufrimiento más agudo se alivia —o, al menos, has adquirido comprensión sobre cómo practicar con él de manera continua—. Has desarrollado fe en tu práctica y ya no te arrojan a la angustia existencial ni siquiera las dificultades importantes. Si sigues practicando, necesitarás encontrar —o enfatizar— una motivación distinta a la de aliviar tu propio sufrimiento.
“Entonces practicas por el bien de los demás.” Esto no debe entenderse como asumir la misión de salvar a otras personas o predicarles el Dharma. Dependiendo de la forma que tome la práctica en tu vida, puede que termines haciendo esas cosas o no, pero en general no es útil centrarse prematuramente en los demás cuando aún no has terminado contigo mismo. De hecho, algunas personas se muestran ansiosas por cuidar de otros seres como forma de evitar enfrentar su propio sufrimiento. La maestra Chozen Bays dice que el voto de bodhisattva de “liberar a todos los seres” es en realidad un voto de “liberar a todos los seres de mí.” En otras palabras, cuando “practicas por el bien de los demás,” sigues trabajando en ti mismo: refinando tu comprensión, desenredando tu karma y aprendiendo a ser más hábil en tus interacciones con otros seres.
Podrías decir que “las relaciones sacan lo peor de ti,” pero desde el punto de vista de la práctica esto es algo bueno: el ámbito de tus relaciones humanas te revelará inevitablemente dónde están los límites de tu práctica. Habrá personas hacia las que sientas aversión sin razón aparente; personas a las que no puedas perdonar; personas de las que te encaprichas, que te intimidan y que te molestan. Habrá familiares y amigos con quienes tengas relaciones tensas. Pese a tus mejores esfuerzos, serás malinterpretado y herirás los sentimientos de otros, aunque solo sea por lo que dejes de hacer. Mientras navegas el entorno social infinitamente complejo de los distintos grupos a los que perteneces, seguirán surgiendo cuestiones de autenticidad, ansiedad, asertividad, pertenencia e intimidad. Al intentar ser padre, madre, maestro o supervisor, te toparás constantemente con los límites de tu propia habilidad.
Practicar por el bien de los demás no consiste en buscar convertirte en la persona más popular, querida y socialmente eficaz del mundo. Eso es imposible. Aunque el ideal de un Buda es útil como orientación —alguien gracioso, amable, flexible, seguro, amoroso, paciente, nunca enojado—, en realidad no existe un único tipo de ser que resulte absolutamente querido o eficaz en todas las circunstancias, para todas las personas. Incluso si Shakyamuni Buda fue tan benévolo como lo describen los textos antiguos, probablemente hubo personas que lo consideraron aburrido. En este mundo tan complicado que tenemos, un Buda no siempre es lo que se necesita.
Entonces, si no buscas hacer felices a todos y borrar todo el estrés social de tu vida, ¿qué es lo que intentas hacer en la práctica? Practicar con las relaciones consiste simplemente en expandir tu atención más allá de tu propio cuerpo-mente hacia tus interacciones, con la esperanza de aprender de ellas. Aliviar parte de tu propio sufrimiento libera un ancho de banda significativo en tu cuerpo-mente, lo que te permite mirar alrededor y notar a los seres fascinantes que te rodean. El foco, sin embargo, sigue siendo tu propio ser: Tus propias sensaciones, pensamientos, sentimientos, narrativas y comportamientos.
Así como abordas tu sufrimiento en dos niveles simultáneamente —el karma (lo práctico) y la comprensión—, también procuras cuidar tus relaciones en ambos niveles. A veces es momento de hacer cambios prácticos en tus relaciones: Negociar interacciones, alterar patrones, buscar la ayuda de un terapeuta o mediador, o incluso terminar relaciones. Otras veces es útil aprender formas más hábiles de comunicarse, tomar formación en liderazgo o unirte a un grupo de apoyo para padres.
Mirar tus Relaciones a Través del Lente de la Práctica
Cuando miras tus relaciones a través del lente de la práctica, sigues exactamente los mismos pasos descritos antes para cuando practicas con el sufrimiento. Reflexionas sobre tu experiencia de cuerpo, corazón y mente. Con la quietud cultivada mediante el zazen, revisas algún aspecto problemático o estresante de una relación con curiosidad, notando qué sigue a qué. ¿Qué desencadena la aparición de tensión, resistencia, falta de conexión o conflicto? Después del desencadenante, ¿qué sensaciones, pensamientos y sentimientos surgen en ti? ¿Qué narrativas empiezas a generar en tu mente? Si obtuvieras todo lo que deseas en esa situación o relación, ¿cómo se vería? Suspende tu juicio sobre si tus pensamientos y sentimientos son precisos o están justificados, y trata de mirar la situación con objetividad. Luego pregúntate: ¿Qué puedo hacer, dentro de mi propio cuerpo/corazón/mente, para ayudar a reducir el estrés y aumentar la comprensión y la conexión aquí, sin importar lo que haga la otra persona involucrada? ¿Qué puedo soltar aquí?
Nota: Practicar con las relaciones de esta manera no significa simplemente tratar de reducir el conflicto haciendo lo que sea que otros quieran y evitando cualquier comportamiento que no les guste. Eso es trabajar a nivel kármico, en cualquier caso, e implica intentar quitarte a ti mismo de la ecuación, como si eso fuera posible. Solo causarás más daño si suprimes tus sentimientos y pensamientos, aplastas tu propia autenticidad, niegas tus propios deseos y temores, o dependes de las respuestas de otra persona para tu propia felicidad. (Por supuesto, a nivel kármico tampoco es probable que cultives relaciones satisfactorias si te vas al otro extremo y exiges que los demás atiendan constantemente tus sentimientos y pensamientos, deseos y temores, y tus exuberantes intentos de afirmar tu autenticidad y tu derecho a la felicidad. El camino medio es lo mejor.)
En última instancia, las dificultades persistentes que tienes para relacionarte con otros seres están directamente vinculadas a tu sentido de ti mismo. Necesitas relaciones humanas —el propio Buda lo dejó claro al designar a la Sangha, la comunidad, como uno de los Tres Tesoros del Budismo—, pero mientras dependas de algo externo para tu felicidad, incluidas otras personas, la verdadera paz mental te eludirá. Tu verdadera naturaleza es eterna, gozosa, libre de un yo separado y pura, pero hasta que despiertes a eso por ti mismo, tenderás a buscar satisfacción en los demás: un sentido de valía basado en su afecto y admiración, un sentido de conexión basado en que dependan de ti, un sentido de propósito basado en el grado en que tus actividades sean valoradas y reconocidas por otros, etc.
Puedes encontrar el límite de tu práctica examinando tus relaciones y observando dónde dependes de ellas para satisfacer tus necesidades existenciales y espirituales fundamentales. Cuando dependes de otros de esta manera, esas relaciones se complican por el interés propio. Esto interfiere con tu capacidad de ver y apreciar verdaderamente a los demás por quienes son. Además, es probable que experimentes inseguridad o incluso cierta paranoia respecto al estado de las relaciones de las que dependes. Podrías pensar que perderás el interés en la gente una vez que comprendas tu verdadera naturaleza y ya no necesites que te afirmen tu plenitud, pero no es así en absoluto. Hay innumerables razones para cultivar relaciones más allá de satisfacer necesidades egoístas.
Un límite de práctica relacionado con tu sentido del yo suele ser muy importante y fructífero de explorar. El crecimiento en este sentido normalmente viene acompañado de mucha meditación y estudio del Dharma, porque eso es lo que expande tu imaginación en cuanto a tu verdadera naturaleza.
¿Cómo encontrar el límite de tu práctica y “practicar por el bien de los demás” si no tienes mucha —o ninguna— gente en tu vida? La única respuesta a eso es: consigue más gente en tu vida o interactúa más con la que ya está ahí. Para usar una imagen clásica del Zen: es relativamente fácil sentirse iluminado a solas en la cima de una montaña, pero solo conoces la fuerza de tu práctica cuando bajas al mercado y te rozas con otros seres humanos.
El Límite de tu Práctica Cuando “Practicas por el Bien del Dharma”
Para ser honesta, sigues practicando por el bien de tu propio sufrimiento, y por el bien de los demás, toda tu vida. No conozco a nadie que sea perfectamente feliz todo el tiempo y que tenga únicamente relaciones completamente armoniosas, auténticas e íntimas. Aun así, puede llegar un momento en tu práctica en que alcances un sincero estado de “suficientemente bueno” —cuando tu gratitud supera con creces cualquier queja que tengas, y encuentras abundante alegría en tu vida—. ¿Qué puede entonces motivarte a profundizar en tu práctica? ¿Qué puede encender el fuego de tu Bodhicitta?
Es entonces —si quieres mantener viva tu práctica— cuando debes “practicar por el bien del Dharma.” ¿Qué significa eso? Practicar por el bien de la verdad misma. Con suerte, habrás experimentado el alivio, la liberación, la alegría y el asombro que surgen al despertar a nuevos aspectos de la Realidad-con-R-mayúscula y de tu verdadera naturaleza propia. Tu práctica puede estar motivada por el puro amor a este proceso.
Aun así, es fácil volverse complaciente si tu vida es relativamente fácil, o distraerse con todas las actividades de tu vida. Hay muchas maneras de encontrar un límite de práctica basado en el amor al Dharma, pero aquí van tres sugerencias:
- Pregúntate Cómo Quieres Vivir de Verdad, y Contempla la Impermanencia
Reflexionando sobre la naturaleza breve y efímera de la vida, pregúntate cómo quieres vivir de verdad. Concéntrate en la experiencia y función de tu cuerpo, mente y corazón. Deja de lado las preguntas sobre cómo reorganizar los aspectos prácticos de tu vida, como el lugar de residencia, el trabajo, las relaciones y las decisiones sobre el futuro. Antes de que termine esta vida, ¿cómo quieres realmente ser? Intenta también dejar de lado cualquier “debería” que surja en tu imaginación, venga del Budismo o de otro lado. Trata de conectar con esa voz pequeña y silenciosa dentro de ti.
Tu respuesta —o respuestas— sobre cómo quieres vivir de verdad van a ser muy básicas y fundamentales. No serán muy distintas de cómo otras personas quieren vivir de verdad. La respuesta no tiene que ver con detalles específicos, como ser un buen padre, cónyuge o empleado, o cultivar relaciones íntimas. No se trata de empezar un nuevo proyecto ni de lograr nada. No se trata de experimentar el mundo a través de viajes, educación, pasatiempos, música o diversas formas de entretenimiento y emoción. Tu respuesta, si quieres encontrar el límite de tu práctica, tiene que ver con cómo respondes a cada momento. Mientras realizas las actividades de tu vida, ¿cuál es el estado de tu cuerpo, corazón y mente? ¿En qué medida estás en contacto con tu Naturaleza de Buda en un momento dado, y en qué medida actúas de acuerdo con esa naturaleza?
Es probable que al menos una de estas ideas despierte tu interés:
- Quiero vivir con autenticidad.
- …con valentía.
- …con profunda gratitud.
- …con soltura y confianza, dejando que las cosas fluyan a través de mí en lugar de necesitar controlarlo todo.
- …con un sentido de autosuficiencia junto con un corazón abierto y generoso.
- …atentamente, apreciando cada momento de esta vida corta y preciosa.
A través de la práctica, este tipo de aspiraciones pueden cumplirse más allá de nuestros sueños más ambiciosos, mediante una combinación de trabajo kármico y comprensión. Si eliges una aspiración que resuena profundamente contigo, que te inspira de forma natural, puede ayudarte a conectar con el límite de tu práctica. El proceso de volverse más auténtico, valiente, agradecido, atento y libre es infinito. Como dice el cuarto voto de Bodhisattva: “Por perfecta que sea la vía del Buda, hago el voto de realizarla.” ¿Dónde está el límite de tu soltura, tu confianza o tu generosidad? Esto no se trata de adoptar algún ideal y medirte constantemente contra él, sino de conectar y honrar el deseo más profundo de tu propio corazón.
- Presta Atención a lo que Permanece sin Resolver
Aunque por ahora no estés exactamente “sufriendo,” hay cosas que permanecen sin resolver dentro de ti, como hábitos que comprometen la felicidad propia y ajena, inseguridades, inhibiciones, miedos, deseos, resentimientos, tristeza, actitud crítica y compulsiones.
El Zen no es un proyecto de autosuperación, así que ¿cómo deberíamos relacionarnos con estos asuntos sin resolver? Sería fácil verlos como defectos o pecados persistentes y decidir 1) que estamos obligados a seguir intentando corregirlos, o 2) que son lo bastante menores como para no molestarnos en ellos. Ninguno de estos dos enfoques es lo que buscamos. En cambio, dejas que tus asuntos sin resolver te muestren dónde están tus puntos de crecimiento.
Con suerte, en algún momento de tu práctica comenzarás a apreciar tu verdadera naturaleza. Este es el punto central del Zen. Eres completo y precioso tal como eres. Todo lo que verdaderamente necesitas y anhelas está aquí mismo, ahora mismo… defectos y debilidades, engaños y comprensiones, fracasos y éxitos, sufrimiento y dicha —nada queda excluido—. Es el cuadro completo el que brilla con luminosa talidad. Cuando entiendes esto, los asuntos sin resolver pueden enfrentarse sin sentido de vergüenza ni ambición.
Al mismo tiempo, como dijo Shunryu Suzuki, “Cada uno de ustedes es perfecto tal como es… y puede mejorar un poco.” [i] Nunca terminamos de crecer, y lo hermoso de la práctica es lo gratificante que puede ser obtener comprensión sobre los límites de tu práctica y aprender a ir más allá de ellos. No se trata solo de deshacerte de malos hábitos o de convertirte en mejor persona, sino de expandir tu sentido del Dharma y tu capacidad de vivir de acuerdo con tu verdadera naturaleza.
Para encontrar el límite de tu práctica, puedes preguntarte lo siguiente:
- ¿Dónde sigo sintiéndome alienado de mí mismo, o de los demás?
- ¿Cuál es el límite de mi capacidad de extender Metta, o buena voluntad, hacia los demás, sin condiciones?
- ¿Qué hábitos de cuerpo, habla y mente todavía me hacen quedar atrapado en patrones kármicos en lugar de estar atento y libre?
- ¿Cuándo me siento triste, enojado, desanimado, ansioso, deprimido, resentido o inseguro?
- ¿Qué deseos me encuentro persiguiendo?
Una vez que identificas un límite de práctica, lo investigas de la misma manera que describí para investigar tu sufrimiento. En cierta medida, hacer esto como parte de tu práctica “por el bien del Dharma” es solo cuestión de grado; los asuntos sin resolver que buscas entender mejor puede que no lleguen al nivel de “sufrimiento,” pero siguen siendo oportunidades importantes de crecimiento. A menudo, investigar tus asuntos pendientes conduce directamente —o requiere— una profundización de tu comprensión del Dharma, así que es mejor hacerlo en el contexto de un zazen continuo y del Estudio del Dharma.
- Pregúntate qué No Has Visto Todavía
Incluso después de toda una vida de práctica, nunca agotarás los dos enfoques anteriores para encontrar el límite de tu práctica. Sin embargo, a veces también querrás encontrar el límite de tu práctica preguntándote qué no has visto todavía.
La mejor manera de explorar lo que no has visto todavía es dedicarte al estudio del Dharma. Puedes hacerlo solo, o —mejor aún— con un maestro Zen. Esto no significa un estudio académico del Dharma en el que intentas acumular conocimiento o captar las enseñanzas intelectualmente. Significa adentrarte de manera profunda y lenta en una enseñanza que al principio te resulta oscura, hasta que se abre.
Francamente, nuestra imaginación es limitada. Podría ser fácil estudiar Zen durante unos años y concluir que más o menos lo entendemos. Este es un gran error. Me gusta imaginar el Dharma como la ciudad de Nueva York: vasta, variada, rica, multidimensional. Podríamos inclinarnos a pensar que “entendemos” la ciudad porque hemos leído mucho sobre ella y visto un montón de películas ambientadas allí. Por supuesto, nuestra comprensión puede no estar equivocada, pero es muy superficial. Luego podríamos pensar que conocemos Nueva York porque la hemos visitado un par de veces. Nuestra experiencia de la ciudad puede haber sido vívida, en efecto, pero después de un tiempo solo vivimos de recuerdos. (Esto es análogo a tener algunas aperturas en nuestra práctica y luego guardar esos recuerdos en el bolsillo, cargándolos como piezas de conocimiento que poseemos.)
El tipo de experiencia directa del Dharma al que aspiramos es, siguiendo la analogía, como vivir en Nueva York: volverse cada vez más íntimo con ella, hasta que forma parte de nosotros y nosotros formamos parte de ella. Hasta haberla visto con todo tipo de clima, en todas las épocas del año. Hasta haber sido felices allí y tristes allí, fascinados y aburridos allí. Hasta que jamás se nos ocurriría afirmar que entendemos la ciudad.
Las enseñanzas del Dharma que nos dejaron nuestros ancestros describen un territorio que aún no has percibido y que ni siquiera has podido imaginar. Irónicamente, claro, cuando despiertas a la Realidad señalada por nuestros ancestros, te das cuenta de que siempre estuvo ahí, así que aquí es donde mi analogía de explorar territorio nuevo se derrumba. Aun así, pocos de nosotros sabemos cómo ver más allá de los límites de nuestra comprensión y experiencia actuales. No sabemos lo que no sabemos.
Para encontrar el límite de tu práctica en las enseñanzas, busca un texto clásico Zen o Budista —es decir, uno que haya resistido la prueba del tiempo y que date de hace al menos 150 años—. Mejor aún, ten un maestro que te conozca y que te lo asigne. Elige algo relativamente corto: un koan, un poema didáctico como el Sandokai, un ensayo de Dogen o de algún otro maestro Zen o Chan, o un capítulo de un texto más extenso como un sutra. Lucha con el texto, léelo una y otra vez, masticando las palabras, interpretando las imágenes por ti mismo, invitándolo a tu zazen. Luego, la única manera que conozco de asegurarte de que no te estás simplemente instalando en una comprensión intelectual es permitir que se ponga a prueba tu relación con la enseñanza. Hazlo con un maestro (de esto se trata precisamente la práctica del koan), o quizás mediante preguntas y respuestas formales junto a otros estudiantes.
Encontrar tu límite a través de las enseñanzas del Dharma no tiene que ver con la curiosidad ociosa. Recuerda, tu límite es algo que te importa profundamente. Es directamente relevante para ti y tu vida, aunque no puedas decir exactamente cómo. Por ejemplo, si estás estudiando la línea del maestro Chan Hongzhi, “la iluminación interior restaura el asombro,” no resulta muy fructífero llegar a la conclusión de que la práctica de meditación sentada (iluminación interior) ayuda a la gente a apreciar más su vida diaria. Eso es obvio. Si elegiste esta línea, debería resonar contigo a un nivel profundo. Quieres ese asombro. Reconoces un límite de tu práctica en la manera en que tu asombro se ve apagado por el pensamiento de que ya has visto todo esto antes. Quieres que se restaure tu verdadera naturaleza. ¿Cómo se ve esto? ¿Puedes intimar con el asombro? ¿Puedes dejar que llene todo tu ser? Y entonces, ¿puedes demostrar asombro aquí mismo, ahora mismo?
Recuerda, no tienes que correr frenéticamente empujando todos tus límites. El Zen no es un proyecto de autosuperación. Lo valioso es comprometerse lo suficiente con el perímetro de tu crecimiento como para que tu Bodhicitta se mantenga fuerte y tu práctica inspirada.
Referencias
[i] Chadwick, David (editor). Zen Is Right Here: Teaching Stories and Anecdotes of Shunryu Suzuki. Boulder, Colorado: Shambala Publications, 2001.







