334 – Seis Lecciones Útiles de las Enseñanzas Budistas sobre la Reencarnación (1 de 2)
336 – Encontrando el Límite de Tu Práctica (1 de 2)

Category: Enseñanzas Budistas / Dharma ~ Translator: Claudio Sabogal

Click here for audio + English version of Episode 335

 

La cosmovisión común en la época de Buda era que los seres renacen después de la muerte. Una pregunta central en las prácticas religiosas, incluido el Budismo, era qué podíamos hacer en esta vida para asegurarnos un renacimiento favorable, o para liberarnos del ciclo de reencarnaciones. Mientras practiquemos, no importa si  creemos en la reencarnación, se somos incrédulos o si mantenemos una actitud agnóstica. Sin embargo, las narrativas e imágenes tradicionales de las enseñanzas sobre la reencarnación contienen muchas lecciones valiosas para nosotros.

 

Contenido:

  1. Responsabilidad Personal y Sabiduría Interior
  2. Respeto por el Poder y el Impulso del Karma
  3. Aceptar el Karma que Nos ha Tocado
  4. Preocupación por Tu impacto en Otros Seres, Presentes y Futuros
  5. El Ideal de la Liberación de la Reencarnación

 

Este es el segundo episodio de dos sobre este tema. En el primer episodio (334), identifiqué episodios existentes del podcast de Estudios Zen sobre la reencarnación, o relacionados con ella, que podrías escuchar para obtener contexto e información adicional. Luego, analicé la libertad de creer, no creer o ser agnóstico respecto al renacimiento. Finalmente, hablé sobre la primera lección útil que podemos extraer de las enseñanzas del renacimiento: las leyes básicas del karma, o la relación causa-efecto del comportamiento, tal como se presentan en la cosmología de los Seis Reinos. En este episodio, abordo cinco lecciones útiles más de las enseñanzas Budistas sobre el renacimiento.

 

  1. Responsabilidad Personal y Sabiduría Interior

Uno de mis aspectos favoritos de las enseñanzas Budistas sobre el renacimiento es el papel que desempeña Yama, el señor de la muerte, al decidir a qué reino entrará el espíritu de un difunto para renacer. Una representación visual de los Seis Reinos se conoce como el bhavachakra o Rueda de la Vida. Yama es representado como un monstruo de aspecto aterrador con largas garras. Sostiene frente a él un gran disco redondo. Solo sus garras, rostro y dientes son visibles detrás del disco, que es un espejo en el que se reflejan cada uno de los seis reinos, como las porciones de un pastel. La Rueda de la Vida también tiene círculos concéntricos; uno de ellos, hacia el centro, muestra figuras en diversas etapas y ámbitos de la vida ascendiendo por la izquierda, y luego cadáveres cayendo por la derecha. Los difuntos caen hacia una audiencia con Yama, quien también se refleja en el espejo.

Según las enseñanzas, después de la muerte, uno se enfrenta a un momento de ajuste de cuentas. Sin embargo, ninguna deidad emite un juicio sobre uno. En cambio, Yama te ofrece un espejo para que veas tus acciones pasadas y, de esta manera, te juzgues a ti mismo.

Considero que esto no se trata tanto de dejar que nuestro crítico interior gane, sino más bien de reconocer nuestra sabiduría interior natural. Sabes cuándo tus acciones son egoístas, deshonestas, crueles, irrespetuosas y dañinas. Tu “conocimiento” puede ser consciente o semiconsciente; puedes vivir en la negación o ser ciego a las repercusiones de tus acciones; pero, en cierto nivel, tienes una idea del ámbito para el que te han condicionado tus acciones. El aspecto positivo de esta enseñanza es que puedes aprender a escuchar y honrar tu sabiduría interior: esa voz interior, suave y silenciosa, que te anima a realizar acciones beneficiosas y a practicar la espiritualidad.

 

  1. Respeto por el Poder y el Impulso del Karma

Otra lección que podemos extraer de las enseñanzas Budistas sobre el renacimiento es que el karma —causa y efecto aplicados al comportamiento humano— es una fuerza poderosa que puede llevarte por ciertos caminos incluso cuando tu “yo ejecutivo” tiene otros planes.

Al vivir tu vida, tu principal preocupación es, naturalmente, cómo dirigirla para que tú y tus seres queridos eviten el sufrimiento y sean felices. Es evidente que tus decisiones tienen repercusiones, por lo que importa lo que hagas. Sin embargo, no es raro que sigas comportándote o reaccionando de ciertas maneras, por mucho que intentes cambiar. Resulta que tu idea de tener un “yo ejecutivo” que toma todas las decisiones está muy equivocada. A lo sumo, tienes algunas aspiraciones nobles que esperas que te guíen en tus escasos momentos de verdadera elección.

Las enseñanzas del renacimiento transmiten el poder y el impulso del karma. El universo, impulsado por el karma, se representa como una “rueda”, y los seres se conciben como seres que transmigran de reino en reino a lo largo de las vidas. Tu forma de ser —tu personalidad, fortalezas y debilidades, motivaciones, inclinaciones— está en gran medida moldeada por las decisiones que tomaste en el pasado, ya sea en esta vida o en vidas anteriores. Puede que sea relativamente fácil aceptar que tus decisiones pasadas en esta vida te han moldeado, pero hay muchos aspectos de tu personalidad que siguen siendo inexplicables. Algunos aspectos han sido moldeados por tu genética, las decisiones de quienes te rodean y fuerzas externas sobre las que no tienes control. Aun así, ¿por qué es tan difícil cambiar? ¿Por qué a veces es tan difícil tomar una decisión diferente, incluso cuando tu “yo ejecutivo” ve que conduciría a mejores resultados?

El Buda desaconsejó intentar comprender el funcionamiento exacto del karma, así que no sirve de nada dedicar mucho tiempo a reflexionar sobre cómo llegaste a ser como eres. De ahora en adelante, debes reconciliarte con tu karma y, siempre que puedas, tomar decisiones sabias y beneficiosas. Las enseñanzas sobre el renacimiento ayudan a contextualizar tu esfuerzo: estás intentando redirigir el impulso de innumerables vidas; se requiere un gran esfuerzo para evitar que un yo moldeado por el pasado renazca en el presente, dependiendo de tus circunstancias. Lo que se necesita para redirigir tu karma es determinación y mucha paciencia. 

 

  1. Aceptar el Karma que Nos ha Tocado

En relación con esto, las enseñanzas Budistas sobre la reencarnación ofrecen una manera de aceptarse a uno mismo, dejar de lado la culpa y verse como un ser en constante evolución. ¿Por qué desarrollaste una tendencia al alcoholismo, a comer en exceso o a sufrir ataques de ira? ¿Por qué te resulta tan difícil practicar la autodisciplina o mostrar buena voluntad hacia los demás? ¿Por qué no puedes comprender el Dharma como quisieras o por qué te sientes paralizado por la ansiedad? Como mencioné antes, algunas de estas cosas obviamente se deben a la genética, a las acciones de otros o a fuerzas que escapan a tu control. Pero incluso después de buscar todas las explicaciones posibles, es probable que te queden algunos desafíos inexplicables por los que te sientes maldito o responsable.

Aquí es donde puede ser útil relacionarse con el renacimiento como si fuera verdad. No tienes que creerlo literalmente ni considerarlo un simple cuento de hadas. Si puedes permanecer en el espacio agnóstico de curiosidad e incertidumbre que describe Stephen Batchelor, la enseñanza de la reencarnación puede ser reconfortante.

Si alguna vez has pasado tiempo con niños pequeños, especialmente si eres padre o madre, habrás experimentado la maravilla de ver cómo un bebé se convierte repentinamente en un ser humano único. ¿Cómo y por qué desarrollaron tendencias, personalidades, inclinaciones, intereses y hábitos que parecen ya formados? Es común ver a dos hermanos, criados por los mismos padres, y descubrir que uno es tímido mientras que el otro es extrovertido y descarado; uno es delicado y cuidadoso mientras que el otro es un temerario; uno adora los libros mientras que el otro no se molesta en leer porque está demasiado ocupado chapoteando en el arroyo atrapando renacuajos.

Aunque no creo en la reencarnación literal, me asombran las verdades más profundas de la existencia humana a las que podría apuntar. Es casi como si cada ser heredara realmente cierto karma de un ser o seres anteriores. Es casi como si, según sugieren las enseñanzas sobre el renacimiento, cada embrión fuera una pizarra en blanco que, en algún momento, fue habitada por una fuerza kármica de una vida anterior; una fuerza que vagaba por el bardo, buscando un lugar apropiado para renacer.

Lo que importa no es si es literalmente cierto, sino lo que significa para nuestra práctica. Cuando imaginamos que cada persona carga con karma de un pasado sin principio, sobre el cual no tuvo control en esta vida, podemos ser más pacientes y comprensivos con los demás. Cuando imaginamos lo mismo con respecto a nosotros mismos, podemos dejar de culparnos a nosotros mismos y a los demás. Después de todo, incluso aquellos que nos hayan lastimado también cargaban con su propia carga kármica; es imposible saber dónde comenzó todo.

 

  1. Preocupación por Tu impacto en Otros Seres, Presentes y Futuros

Las enseñanzas Budistas sobre el renacimiento nos animan a pensar más allá del ámbito limitado de nuestra vida personal, es decir, el tiempo entre nuestro nacimiento y nuestra muerte, y las circunstancias que nos rodean a nosotros y a nuestros seres queridos. Según las enseñanzas, en el pasado ilimitado has tenido relaciones con todos los seres que te rodean: en una vida pasada, un extraño que encuentres podría haber sido tu madre o tu hijo. En una vida futura, las decisiones que tomes ahora afectarán a un ser que hereda tu karma, pero que no te recuerda ni sabe por qué viviste como lo hiciste.

Independientemente de si la reencarnación es literalmente cierta, tus acciones tienen efectos profundos y a menudo imperceptibles en innumerables seres a tu alrededor. Quienes te rodean —pareja, hijos, familia, amigos, compañeros de trabajo, miembros de la Sangha— toman decisiones y afectan su propio karma en respuesta a ti. Y probablemente hayas observado el legado kármico tan diverso que las personas pueden dejar al morir: algunas viven vidas de bondad y generosidad y dejan el mundo mejor de como lo encontraron. Inspiran y alientan a otros, dejando una huella positiva y duradera. Otras personas pasan su vida sumidas en la amargura o actuando según hábitos destructivos. Aunque sus acciones negativas, ya sean físicas, verbales o mentales, no fueran del todo deliberadas, dejan una huella de arrepentimiento, dolor, resentimiento o tristeza. Quienes les eran cercanos pueden verse atrapados en hábitos dañinos que desarrollaron como respuesta a la persona fallecida.

Si concibes la reencarnación como una verdad, tenderás a ser cuidadoso con el impacto que causas en los demás. Te sentirás inclinado a «limpiar» tu karma por el bien de los demás, tanto en el presente como en el futuro, si no por el tuyo propio. (Para más información sobre cómo limpiar tu karma, consulta los Episodios 311-313: Diez Campos del Zen, Campo 7: Trabajo con el Karma: Aprender y Cuidar de Uno Mismo).

 

  1. El Ideal de la Liberación de la Reencarnación

Finalmente, las enseñanzas Budistas sobre el renacimiento te presentan un koan, una pregunta cuya respuesta debes vivir, en lugar de responderla intelectualmente: ¿Qué significa el ideal de buscar la liberación del ciclo del renacimiento? En las culturas modernas, a la mayoría de las personas les gusta la idea de reencarnar, incluso si no recuerdan nada de sus vidas anteriores. Parece preferible a la  alternativa de que la muerte sea el fin de todo para ti, verdad? Incluso en tiempos de Buda, la mayoría de la gente buscaba dirigir su karma para tener un renacimiento afortunado. Solo una proporción relativamente pequeña de practicantes espirituales aspiraba a la liberación completa del ciclo de la transmigración, lo que significaba no volver a renacer jamás.

Está bien si tienes una visión del mundo más positiva que la de los antiguos Indios, quienes veían el ciclo interminable de la transmigración como una situación bastante triste, aunque solo fuera porque significaba estar condenado a que te rompiera el corazón una y otra vez. Según ellos, con cada renacimiento se comenzaba de cero, en completa ignorancia. Se construía una vida, se amaba, se formaba una familia y se triunfaba en las actividades elegidas, solo para perderlo todo por la mala fortuna, la vejez, la enfermedad y la muerte, una y otra vez. La mayoría de los linajes Budistas desarrollaron una visión más positiva del ciclo de la vida con el tiempo, al entrar en contacto con otras culturas y religiones. Por ejemplo, el Budismo Chan surgió del encuentro con el taoísmo, que sugiere que inevitablemente formas parte del flujo del Tao antes, durante y después de tu muerte.

Independientemente de si consideras que el renacimiento sería algo positivo o no, vale la pena examinar con detenimiento sus enseñanzas para apreciar las lecciones que encierran. Según estas enseñanzas, tras la muerte, algo de ti permanece durante 49 días. Pasas este tiempo en el plano del bardo, donde puedes percibir el mundo de los vivos y viajar libremente. Sueles sentirte confundido y temeroso. Aún recuerdas tu vida pasada y es probable que te invadan el arrepentimiento y la nostalgia. Tu karma no resuelto —aquellos patrones de comportamiento que heredaste de vidas pasadas y no lograste cambiar, o los patrones kármicos que creaste en tu encarnación más reciente— permanece contigo. Si pasaste tu vida dominado por la ira, el deseo, la amargura, la ambición, el apego o la indiferencia, seguirás encontrándote en estos estados.

Cualquier karma que hayas dejado sin resolver te impulsa a buscar el renacimiento. Vagas hasta encontrar una pareja que te atrae por alguna razón. Crees ver una oportunidad, al convertirte en hijo de esta pareja, para satisfacer necesidades insatisfechas o alcanzar la seguridad o recompensa que has estado buscando. En el momento de la concepción, tu conciencia entra en el nuevo embrión, y en ese instante se borra todo recuerdo de tus existencias anteriores.

¿Qué lecciones del Dharma podemos extraer de esta visión del más allá? En el contexto de una vida, el renacimiento significa el comienzo de algo nuevo, con vida propia, creado al menos en parte por karma no resuelto. A menudo, esto se siente como el nacimiento de un nuevo yo, con ciertas tendencias, deseos e inquietudes. Podrías experimentar este tipo de renacimiento si te encuentras en otra relación amorosa disfuncional y te das cuenta de que una parte de ti se sintió atraída una vez más por las circunstancias de la disfunción. O podrías renacer como tu yo infantil y caprichoso cuando visitas a tu familia de origen. O tal vez, a pesar de tu intención de buscar un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal, descubres que tu ambición te ha llevado una vez más a un trabajo exigente con todo lo que ello implica.

Las enseñanzas sobre el renacimiento dicen que puedes practicar con diligencia para no tener que renacer. Puedes lograrlo limpiando tu karma lo mejor posible para que haya menos asuntos sin resolver que impulsen tus acciones. Puedes desarrollar la autoconciencia meditativa para notar cuándo te sientes atraído por la reencarnació, y entonces podrías tener cierto grado de elección sobre si renacer, y cuándo hacerlo, en un nuevo conjunto de circunstancias. Tal vez a veces elijas el renacimiento porque los beneficios superarán las desventajas, pero con el tiempo podrías preferir dejar que la vida fluya hacia ti en lugar de intentar crearla.

 

334 – Seis Lecciones Útiles de las Enseñanzas Budistas sobre la Reencarnación (1 de 2)
336 – Encontrando el Límite de Tu Práctica (1 de 2)
Share
Share