Category: Enseñanzas Zen ~ Translator: Claudio Sabogal
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A diferencia de Jesús, Buda no nos instruyó explícitamente a «amar a nuestros enemigos». Sin embargo, sí nos instruyó a extender la buena voluntad, o Metta, a todos los seres incondicionalmente, incluyendo, por supuesto, a nuestros enemigos. En esta época de creciente división, ¿qué significa realmente seguir esta enseñanza? La mayoría admitirá que alimentar el resentimiento y el odio probablemente sea una mala idea, pero, por otro lado, resulta completamente inaceptable capitular —rendirse o dejar de resistir— ante aquellos que percibimos como causantes de daño. Afortunadamente, amar a nuestros enemigos conlleva muchos beneficios, y hacerlo no significa capitular ante ellos
Contenido:
- Algunas Enseñanzas del Buda sobre Metta, la Bondad Incondicional
- Resistencia a Extender Metta a Nuestros Enemigos
- Los Profundos Beneficios de Extender Metta Incluso a Nuestros Enemigos
- Amar a Nuestros Enemigos no Significa Rendirse
Desconozco si nuestras sociedades están más divididas que en el pasado, pero hoy en día parece común que personas de todo el espectro político sientan al menos tanta animosidad hacia algunos de sus compatriotas como hacia aquellos en países considerados enemigos. Nos horrorizan el comportamiento, las decisiones, la ideología y la política del “otro bando”. Parece imposible reflexionar sobre alguien del otro bando y reconciliar su supuesta decencia humana con sus opiniones y acciones absurdas, destructivas y abominables. Sabemos que si nuestro bando pudiera obtener el control y neutralizar a nuestros oponentes, nuestras comunidades, ciudades, estados y naciones serían prósperas, pacíficas y morales.
Cuando oímos que la gente del “otro bando” nos mira con horror, confusión, repugnancia, desdén y miedo, sabemos que se equivocan. Sabemos que simplemente no entienden nuestra postura. Nuestro horror, repugnancia y miedo, en cambio, están completamente justificados.
Puede que pienses que tienes “enemigos” o no —quizás sea un término demasiado fuerte o bélico—, pero para efectos del discurso social y la práctica espiritual, todos tenemos enemigos. Son la otra persona, el otro grupo o el amorfo “otro bando”, que —al menos desde nuestra perspectiva— nos perjudica a nosotros o a quienes nos importan, amenaza lo que valoramos, nos malinterpreta y nos falta al respeto.
No me detendré aquí en las consecuencias negativas de este tipo de división social y política; baste decir que podría provocar la caída de Estados Unidos, otras democracias y quizás los sistemas naturales que sustentan la vida en la Tierra.
Si Buda viviera hoy, reprendería a todo aquel que albergara rencor hacia su prójimo o hacia cualquier persona. Bueno, probablemente no nos reprendería a nosotros, pues no era algo que él hiciera. Nos exhortaría a superar nuestro rencor, sin importar quién fuera el blanco de él. En el Dhammapada, Buda explica:
Toda experiencia está precedida, guiada y creada por la mente.
Habla o actúa con una mente corrompida, y el sufrimiento te seguirá como la rueda del carro sigue la pezuña del buey.
Toda experiencia está precedida, guiada y creada por la mente.
Habla o actúa con una mente pacífica, y la felicidad te seguirá como una sombra que nunca se aparta.
«¡Me insultó, me atacó, me venció, me robó!» Para quienes actúan así, el odio no termina.
«¡Me insultó, me atacó, me venció, me robó!» Para quienes no actúan así, el odio termina.
El odio nunca termina con el odio. Solo con la ausencia de odio se pone fin a todo.[i]
Metta es la palabra pali para «buena voluntad», y el Buda nos enseñó a cultivarla deliberadamente, junto con la capacidad de extenderla a todos los seres incondicionalmente. Esta es la versión budista de la enseñanza cristiana «ama a tu enemigo».
En este episodio, compartiré algunas de las enseñanzas del Buda sobre Metta y hablaré sobre lo que realmente significa extender la buena voluntad incondicional a alguien. Luego, explicaré por qué es beneficioso practicar Metta incluso —quizás especialmente— con nuestros enemigos, y cómo hacerlo no tiene absolutamente nada que ver con la rendición.
Algunas Enseñanzas del Buda sobre Metta, la Bondad Incondicional
Metta es una actitud de buena voluntad hacia alguien. Significa preocuparse por su bienestar y desear su felicidad. Deseamos que esté libre de miedo, ansiedad, dolor y cualquier tipo de sufrimiento. A veces, Metta se traduce como amor, bondad amorosa o amistad. Prefiero la palabra «buena voluntad» porque está libre de connotaciones negativas asociadas al amor romántico, al altruismo o a la amistad preferencial. La buena voluntad es simplemente lo opuesto a la mala voluntad o al deseo de infelicidad para alguien.
El Buda enseñó que albergar mala voluntad es uno de los cinco obstáculos fundamentales para la paz espiritual, y que intentar deliberadamente convertir la mala voluntad en buena voluntad es la forma de liberarse de este obstáculo. El Buda elogia esta práctica en este pasaje del sutta (donde Metta se traduce como «bondad amorosa»):
Para quien desarrolla con atención plena
Bondad amorosa ilimitada
Al ver la destrucción del apego,
las cadenas se desgastan.
Si con una mente pura
inunda a un solo ser
con pensamientos de bondad amorosa,
obtiene mérito con ello.
Pero un noble produce
abundancia de mérito
Al tener una mente compasiva
hacia todos los seres sintientes.
Aquellos videntes reales que conquistaron
la tierra repleta de seres
se dedicaron a realizar sacrificios…
Pero estos no poseen ni una dieciseisava parte
de una mente de amor bien cultivada,
así como todo el firmamento estelar
se oscurece ante el resplandor de la luna.[ii]
En el famoso Karaniya Metta Sutta, el Buda describe la actitud de Metta (estos versos son un extracto del texto más extenso):
Esto es lo que debe hacer
Aquel que posee destreza en la bondad,
Y quien conoce el camino de la paz:
Deseando: En alegría y seguridad,
Que todos los seres estén en paz…
Que nadie engañe a otro,
Ni desprecie a ningún ser en ningún estado…
Como una madre protege con su vida
A su hijo, su único hijo,
Así, con un corazón sin límites,
Se debe amar a todos los seres vivos;
Irradiando bondad por todo el mundo:
Extendiéndose hacia los cielos,
Y hacia las profundidades;
Hacia afuera y sin límites,
Libre del odio y la mala voluntad. [iii]
La práctica formal de cultivar Metta es una especie de meditación, y la explico en detalle en el Episodio 66: Los Cuatro Brahmaviharas, o Actitudes Sociales Sublimes – Parte 2 (Metta). Brevemente, se trata de pensar en alguien hacia quien sea fácil sentir buena voluntad y luego intentar evocar ese sentimiento. Con la persona en mente, te dices: «Que estés libre de miedo y ansiedad, que encuentres paz, que seas verdaderamente feliz». Intenta sentir tu deseo de felicidad para esa persona, imaginándola alegre y tranquila. Idealmente, terminarás con el corazón cálido y abierto. Luego, intentando mantener esa sensación, piensa en alguien hacia quien te resulte un poco más difícil sentir buena voluntad. Una vez que puedas enviar Metta sincera e incondicionalmente a esa persona, pasa a alguien más desafiante. Si llegas a un punto en que tu corazón se cierra, explora los límites de tu buena voluntad.
Intentar extender Metta a alguien no tiene por qué limitarse a la meditación formal, por supuesto. Puedes intentar notar cuándo sientes mala voluntad hacia alguien —o un grupo de personas— y explorar qué se siente al desearles lo mejor. (Esto es todo lo que diré sobre cómo practicar Metta en este episodio; consulta el Episodio 66 para más información).
Resistencia a Extender Metta a Nuestros Enemigos
¿Cuál es la naturaleza de esta actitud de amor o buena voluntad que se nos anima a cultivar y extender? Es fácil imaginar a un niño pequeño que conocemos, o a nuestro perro, y conectar con nuestro deseo sincero y natural de que sean felices y estén libres de miedo. Esta Metta se siente abierta y sencilla. No tiene nada que ver con nosotros. La Metta no surge como respuesta a nuestra expectativa de que este ser haga algo por nosotros. No se ve disminuida por preocupaciones sobre cómo se puede lograr la felicidad de ese ser. En cambio, la Metta florece de una apreciación sincera por la vida manifestada en ese ser. Nos entristece su sufrimiento y nos alegran sus alegrías como si estuviéramos conectados con ellos.
En el momento en que intentamos sentir Metta por una persona difícil, comenzamos a apreciar cuán increíblemente condicional suele ser nuestra buena voluntad.
Nuestros amigos cercanos y familiares podrían inspirar en nosotros una buena voluntad ilimitada si se comportan de una manera que aprobamos. Puede ser difícil extender Metta incluso a uno mismo sin una larga lista de cosas que necesitas terminar o arreglar antes de poder ser verdaderamente feliz. Cuando se trata de personas que nos han herido o que parecen comportarse de manera inmoral y egoísta, el grifo de la “fuente de Metta” se cierra de inmediato. ¿Amar o sentir Metta por tus enemigos? Eso es una tontería, si no moralmente reprochable.
En su famoso discurso «Amar a vuestros enemigos», pronunciado en Montgomery, Alabama, en 1955, el Dr. Martin Luther King Jr. reconoció que esta enseñanza es sumamente difícil:
En el quinto capítulo del Evangelio según San Mateo, leemos estas impactantes palabras que salen de los labios de nuestro Señor y Maestro: «Habéis oído que fue dicho: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian, y orad por los que os ultrajan, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos».²
Sin duda, son palabras grandiosas, elevadas a una dimensión cósmica. Y a lo largo de los siglos, muchos han argumentado que este es un mandato extremadamente difícil. Muchos incluso llegarían a decir que es imposible llevarlo a la práctica. Añadirían que esto es una prueba más de que Jesús era un idealista poco práctico que nunca llegó a ser realista. Así pues, abundan los argumentos. Pero lejos de ser un idealista poco práctico, Jesús se ha convertido en un realista práctico. Las palabras de este texto resplandecen ante nuestros ojos con una nueva urgencia. Lejos de ser la piadosa exhortación de un soñador utópico, este mandato es una necesidad absoluta para la supervivencia de nuestra civilización. Sí, es el amor lo que salvará a nuestro mundo y a nuestra civilización, el amor incluso hacia los enemigos.
Ahora bien, permítanme aclarar que Jesús hablaba muy en serio cuando dio este mandato; no estaba bromeando. Comprendió que es difícil amar a los enemigos. Comprendió que es difícil amar a quienes buscan derrotarnos, a quienes hablan mal de nosotros. Comprendió que era dolorosamente difícil, sumamente difícil. Pero no estaba bromeando.[iv]
Si analizas tu resistencia a sentir Metta por tu enemigo, es probable que descubras (al menos) dos cosas.
Primero, es probable que una parte de ti crea que controlas el mundo con tu mente. Crees que responsabilizas a los malhechores y mantienes a raya el mal al negarles tu buena voluntad, aunque esta negación solo ocurra en tu mente y no se manifieste de forma significativa en el mundo. Si te liberas del rencor que albergas por una grave ofensa del pasado, de alguna manera el universo cambiará y la carga del castigo sobre el perpetrador disminuirá. Se enderezará un poco y empezará a pensar que, después de todo, lo que hizo no fue tan malo. Si te liberas de la desaprobación y la indignación moral que sientes hacia las personas que destruyen activamente aquello que te importa, si les envías algo de Metta, celebrarán su repentina libertad de acción y causarán aún más estragos en el mundo. Quizás logren captar la esencia de la Metta y usarla para fortalecerse. Estas creencias pueden parecer absurdas, pero nuestro instinto de supervivencia es profundo y nuestras convicciones subconscientes suelen ser irracionales.
Segundo , puede que te des cuenta de que equiparas extender Metta a tu enemigo con la capitulación, lo que significa rendirse o abandonar la resistencia. Por ejemplo, ¿cómo puedes extender Metta a alguien que te agredió sin decidir, en cierto modo, que lo que hizo fue excusable? Puede que tengas un límite interno sano en torno a este evento traumático que diga: «Definitivamente no está bien». Puede que hayas trabajado durante muchos años para crear ese límite. ¿Deberías ahora derribarlo? Puede que seas capaz de convencerte de ofrecer Metta a alguien que te ha herido en el pasado, pero ¿qué pasa con alguien que continúa causando daño en el presente? Alguien que amenaza lo que más valoras.¿Quién te ataca verbalmente y busca arruinar tu reputación?
Muchos de nosotros que nos consideramos “espirituales” estamos dispuestos, en un principio, a decir de palabra que amar a nuestros enemigos es valioso. Pero, en realidad, se siente desagradable y antinatural. Una parte de nosotros, moldeada por la selección natural a lo largo de los milenios, se siente impulsada a denunciar y desaprobar a los malhechores y excluirlos de la calidez y seguridad del grupo. ¿Desearles felicidad? ¿Acaso no es desearles que escapen del castigo, que sigan lucrándose con sus acciones dañinas o que eviten los remordimientos de conciencia? ¿Acaso dar el don de Metta indiscriminadamente no significa dejar de distinguir entre amigos y enemigos, abriendo nuestros corazones a abusadores, ladrones y asesinos? ¿Acaso abandonar nuestro rencor hacia nuestros enemigos nos obliga a dejar de oponernos a lo que hacen?
Los Profundos Beneficios de Extender Metta Incluso a Nuestros Enemigos
Resulta que amar a nuestros enemigos como enseñó Cristo, o extenderles Metta como enseñó Buda, no implica rendirse ante ellos. De hecho, en muchos casos —si no en la mayoría—, rendirse sería perjudicial, ya sea comprometiendo internamente nuestros valores y límites, o renunciando externamente a oponernos a lo que consideramos injusto y a luchar por lo que creemos justo. Para comprender cómo funciona Metta, debemos analizar detenidamente qué es.
En su discurso «Amar a vuestros enemigos», Martin Luther King habló de tres palabras griegas que representan diferentes tipos de amor. Eros es el amor poderoso y estético, como el que sentimos por nuestras parejas, la naturaleza o lo divino. Philia es el amor de la amistad, un aprecio mutuo. King describe entonces agape, que, según él, es el tipo de amor que se nos pide sentir por nuestros enemigos:
…agape es más que eros. Agape es más que philia. Agape es una especie de comprensión, una bondad creativa y redentora hacia todos los hombres. Es un amor que no busca nada a cambio. Es un amor desbordante; es lo que los teólogos llamarían el amor de Dios obrando en la vida de los hombres. Y cuando alcanzas este nivel de amor, empiezas a amar a los demás, no porque te caigan bien, sino porque Dios los ama. Miras a cada hombre y lo amas porque sabes que Dios lo ama. Y podría ser la peor persona que hayas visto jamás.[iv]
Creo que el agape, tal como lo describe King, es muy cercano a —quizás sinónimo de— Metta. Claro que, como budistas, generalmente no lo asociamos con Dios. Como budista mahayana, podría describir metta como el reconocimiento de la naturaleza búdica inherente a cada ser. No tenemos que ser capaces de ver a alguien como un Buda. Como dice King, si miras a la peor persona que hayas visto jamás, la amas porque sabes que Dios la ama. En otras palabras, es muy improbable que sientas philia hacia esa persona, o un aprecio amistoso y positivo. No es necesario. Simplemente, ajusta tu corazón para reconocer que este ser no está excluido de la creación de Dios (si eres teísta) ni del Dharmakaya (el cuerpo del Dharma de la Realidad, si eres budista Mahayana).
El beneficio de extender Metta a tus enemigos podría entenderse mejor como liberarte a ti mismo de los efectos dolorosos, corrosivos, distorsionadores, agotadores, perturbadores y limitantes de la mala voluntad. Sentimos mala voluntad —resentimiento, ira, irritación, incluso odio— porque nos percibimos a nosotros mismos, o algo que nos importa, como amenazados. A veces, por supuesto, estamos amenazados, por lo que la ira puede ser información valiosa. Sin embargo, una vez que hemos extraído la información relevante de la ira, ya no nos sirve. Compromete nuestra claridad mental, aumenta nuestras hormonas del estrés, nos agota y perjudica nuestra salud, y nos lleva a actuar de manera contraproducente. Sin embargo, nos aferramos a nuestro rencor y lo alimentamos porque, como mencioné antes, creemos que castiga o reprime a nuestro enemigo, o porque estamos decididos a permanecer en un estado de alerta paranoica ante el próximo ataque.
Cuando logramos dejar de aferrarnos a la mala voluntad, reconocemos los efectos negativos de aferrarnos a él. Para mí, se siente como liberar algo en nuestro interior. Después de todo, en la Dimensión Independiente de la Realidad, no hay separación entre yo y el Ser. ¡No existe un “yo”! La buena voluntad y la compasión no son virtudes que las personas buenas realizan en favor de otras, sino una forma de describir la actividad del Cuerpo Único. Como nuestra mano busca la almohada por la noche, la buena voluntad y la compasión fluyen entre lo que parecen ser seres separados. Mi mala voluntad es un intento de bloquear ese flujo de buena voluntad, de negar nuestra interconexión última y la vacuidad de mi ser y todas sus historias. Resistirse a ese flujo requiere energía. La resistencia genera tensión, lo que perpetúa la ira, el resentimiento, el miedo, la tristeza e incluso el odio.
Por supuesto, esta es solo una explicación filosófica de lo que podemos experimentar directamente. Quizás tengas otra forma de describirlo. La verdad descubierta por Buda, Cristo y muchos otros seres sabios es que la mala voluntad es una carga que llevamos y que nos perjudica a nosotros, no a nuestro enemigo. Un texto budista nos anima a practicar Metta comparando el aferrarse a la ira con recoger un carbón al rojo vivo que nuestro enemigo nos ha arrojado.[v]
Cuando encuentro la manera de liberar mi resentimiento —no a la fuerza de voluntad, ni sermoneándome sobre cómo debería sentirme, sino mediante una honesta introspección y la práctica paciente— me siento libre. Las acciones pasadas y presentes de la persona a la que antes guardaba rencor ya no me resultan tan relevantes. Comprendo mejor cómo manifiesta sus propios delirios y sufrimiento. Puedo ver de qué del pasado debo responsabilizarme y qué estaba totalmente fuera de mi control. En cuanto a relacionarme con esa persona, si aún fuera necesario, me siento mucho más firme en mí misma: más lúcida, más fuerte, preparada para resistir sin odio ni ira, pero también dispuesta a ser flexible si las cosas cambian.
Amar a Nuestros Enemigos no Significa Rendirse.
Lejos de depender de nuestra mala voluntad, nuestra capacidad para percibir las cosas con claridad y responder adecuadamente aumenta cuando logramos liberarnos de ella. Liberarnos de la mala voluntad y ser capaces de extender Metta se siente como salir de un espacio pequeño y estrecho. Podemos ponernos de pie, estirarnos, mirar a nuestro alrededor y decidir qué hacer a continuación. Amar a nuestros enemigos no solo alivia nuestro propio sufrimiento, sino que aumenta enormemente la posibilidad de encontrar un camino positivo en este mundo que, nos guste o no, incluye a nuestros enemigos.
Para animarte a extender Metta a tus enemigos, repítete una y otra vez: «Amar a mis enemigos no significa rendirse. Amar a mis enemigos no significa rendirse». Esto puede ayudarte a tranquilizar tu mente y tu corazón, y permitirte aceptar la práctica con mayor facilidad. La intención de la práctica de Metta no es convertirte en un felpudo ni cegarte ante las faltas morales de las personas. Se trata de liberarte de tus propias limitaciones, como el egoísmo y la mala voluntad, permitiéndote responder con mayor fortaleza y sabiduría. Puede ser útil, cuando desees la felicidad de tus enemigos, desearles verdadera felicidad. Esto va más allá del mero deseo de que tu enemigo sienta placer y evite cualquier incomodidad, y apunta hacia una felicidad espiritual duradera, una que podría requerir afrontar las consecuencias de sus actos o esforzarse por superarlas.
Si alguien te ha herido profunda y sinceramente, intentar abandonar tu rencor hacia esa persona puede suponer un desafío para la fortaleza y estabilidad emocional que hayas logrado construir. Puede ser útil pensar en extenderles metta como recuperar tu poder. Al abandonar tu rencor, te niegas a permitir que continúen atormentándote. Si aún te sientes amenazado por esa persona, naturalmente debes intentar detener sus actividades dañinas o alejarte de ella, pero ya no necesitas cargar con ira, tristeza, arrepentimiento, añoranza ni ninguna otra emoción negativa asociada a tu rencor. Esto consiste en desenredar tu karma del suyo.
¿Qué pasaría si, por alguna casualidad, nuestro enemigo descubriera que le tenemos buena voluntad? Creo que muchos tememos que esto lo envalentone o lo haga sentir superior, pero es importante recordar que Metta no es philia, ni afecto amistoso. No buscamos hacernos amigos de nuestro enemigo ni aceptar sus opiniones y acciones como aceptables. Cuando somos capaces de sentir Metta sinceramente por alguien sin perder nuestra postura, nuestro enemigo puede sentirse incómodo. Ya no puede molestarnos como suele hacerlo. Si nuestro enemigo se apropia de nuestra Metta como si fuera una aprobación, solo se avergonzará a sí mismo.
También puede ser útil recordar que la práctica de Metta no es transaccional. Es tentador pensar en Metta como un regalo que le hago a mi enemigo, aumentando ligeramente su estatus en el mundo mientras el mío disminuye. Sorprendentemente, Metta aumenta Metta y no disminuye nada. Es como el cuento con el que crecí, «El cuento de la calidez y la ternura», de Claude M. Steiner.[vi] En él, a las personas se les da una bolsa de «calidez y ternura» al nacer. Una calidez y ternura te hacen sentir una gran calidez interior. La gente se pide calidez y ternura constantemente, y se dan libremente y nunca se agotan. Entonces, un personaje siniestro convence a la gente de que reparta «espinas frías» en su lugar, porque sus calidez y ternura podrían acabarse. Como era de esperar, las calidez y ternura comienzan a acapararse y todos se ven afectados por una sensación de escasez. Solo los niños siguen dando calidez y ternura libremente.
De manera similar, extender Metta solo aumenta la cantidad de energía positiva en el mundo. Incluso cuando piensas en «enviar» Metta a otra persona, es tu propio corazón el que se llena.
Referencias
[i] Fronsdal, Gil. The Dhammapada: A New Translation of the Buddhist Classic with Annotations. Publicaciones Shambhala. Edición Kindle.
[ii] «Itivuttaka: The Group of Ones» (Iti 24-27), traducido del pali por John D. Ireland. Access to Insight (Edición BCBS), 24 de noviembre de 2013, http://www.accesstoinsight.org/tipitaka/kn/iti/iti.1.024-027.irel.html.
[iii] «Karaniya Metta Sutta: The Buddha’s Word son Loving Kindness (Sn1.8), traducido del pali por la Amaravati Sangha. Access to Insight (Edición BCBS), 2 de noviembre de 2013, http://www.accesstoinsight.org/tipitaka/kn/snp/snp.1.08.amar.html.
[iv] «Amar a vuestros enemigos», sermón pronunciado en la Iglesia Bautista de Dexter Avenue por Martin Luther King Jr., 17 de noviembre de 1957, Montgomery, Alabama. https://kinginstitute.stanford.edu/king-papers/documents/loving-your-enemies-sermon-delivered-dexter-avenue-baptist-church
[v] Buddhaghosa y Ñāṇamoli (traductor) The Path of Purification: Visuddhimagga. Berkeley, California: Shambhala Publications, 1976. Haga clic aquí para ver el pdf.
[vi] Steiner, Claude M. The Original Warm Fuzzy Tale. Publicación original de 1969, reedición de 2024, Doohan Family Medicine Consultants. PDF: https://reenchantements.wordpress.com/wp-content/uploads/2018/08/warm-fuzzy-tale.pdf
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