277 – Mi Sesshin (Parte 2 de 2 )
282 – Tomando Atajos Morales: ¿Es Compatible el Budismo con la Vida del siglo XXI? (2 de 2)

Category: Práctica Budista ~ Translator: Claudio Sabogal

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Mientras sigamos viviendo en el siglo XXI, al menos en cualquier sociedad industrializada, formaremos parte de una red infinitamente compleja de karma que cubre nuestro planeta. Incluso los detalles de nuestra vida se convierten en opciones morales, y cada vez resulta más difícil vivir de una manera que no haga daño o que cumpla con el ideal del Budista contemplativo desinteresado. Debido a nuestra interconexión con todas las cosas, sentimos dolor y estrés moral cuando actuamos en contra de nuestros ideales. ¿Cómo es la práctica Budista laica en medio de todo esto?

Comenzaré a abordar este tema en este episodio y luego continuaré en el siguiente:

 

Contenido

  • Causar Daño Con Solo Vivir: Nuestro Koan del Siglo XXI
  • Abandonar el Hogar Como Respuesta del Budismo Primitivo al Estrés Moral
  • El Ideal del Bodhisattva Como Modelo Para la Práctica Laica

 

Causar Daño Con Solo Vivir: Nuestro Koan del Siglo XXI

Recientemente, una oyente, Sofi, de Chile, me hizo una pregunta sincera y este episodio es una respuesta a ella. Sofi escribe:

He estado estudiando el camino óctuple y las 4 nobles verdades y cada vez me siento más frustrada por el hecho de que este camino parece ser literalmente incompatible con nuestros tiempos modernos, a menos que tal vez renuncies a todo y te vayas a vivir como monje, lo que literalmente no podría hacer ni aunque quisiera porque no puedo pagar un boleto de avión y soy mujer, así que hacer cualquier cosa sola es realmente peligroso. También tengo una enfermedad crónica, así que no hay forma de que pueda vivir sin la medicina moderna. 

 

No hay forma de conseguir un trabajo sin mentir un poco, y ser amable y puro no siempre conduce al éxito. La vida me ha enseñado que ser una buena persona y hacer lo correcto a menudo puede hacerme más daño que bien. Ser desinteresado hace que la gente se aproveche de ti y te use como chivo expiatorio.

 

Literalmente, todo lo que hacemos daña a los demás. La ropa que llevo puesta fue confeccionada explotando a otros, pero es todo lo que puedo permitirme. El agua que bebemos se obtuvo de manera poco ética y está dañando el medio ambiente. El coche que NECESITO conducir, bueno, ni siquiera creo que necesite una explicación de por qué es dañino. Simplemente no tiene sentido. Es imposible vivir hoy en día sin dañar a los demás, al medio ambiente, a los animales, etc. Es imposible conseguir un trabajo y tener dinero para pagar mis medicamentos y necesidades básicas sin estar conectada a las redes sociales, las noticias, mentir, manipular, fingir sonrisas, etc. A veces la gente inventa mentiras sobre ti y tienes que defenderte, y eso se siente horrible. Desearía poder vivir simplemente ignorando esto y concentrándome en mí misma, pero es prácticamente imposible y la inacción puede tener consecuencias negativas.

 

La ansiedad y la depresión plagan nuestra sociedad, y vivimos constantemente comparándonos las vidas .

 

Realmente, realmente desearía poder seguir el camino, ¡pero es simplemente irreal! ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo librarme de Dukkha si ni siquiera puedo llegar al trabajo sin sentirme culpable por dañar el medio ambiente con mi coche o incluso por beber agua embotellada?”

Me identifico mucho con la pregunta de Sofi. Incluso si no te sientes así, debes saber que muchas personas a tu alrededor sí lo hacen.

Si bien a menudo puede parecer que la tendencia humana a actuar por codicia, mala voluntad o ignorancia es nuestra característica definitoria principal, ese no es el caso. De hecho, nuestras tendencias a cooperar y actuar por compasión son mucho más fuertes; si no fuera así, nunca podríamos mantener sociedades tan complejas y estables. Para la gran mayoría de nosotros, nuestro sentido de empatía, desarrollado en nuestra especie a lo largo de millones de años, nos permite trascender nuestro egocentrismo natural y reconocer que otros seres sufren igual que nosotros, y ver nuestra interdependencia con ellos. Sabemos por nuestra propia experiencia directa que no podemos dañar a otros sin dañarnos a nosotros mismos.

Aunque las experiencias negativas endurezcan nuestro corazón y encontremos formas de justificar nuestras acciones dañinas o nuestra falta de compasión, nuestras decisiones nos dañan, lo reconozcamos o no. Cuando causamos daño a sabiendas, no mostramos compasión ni generosidad, permitimos que otros seres sufran sin intentar ayudar o participamos en sistemas o actividades que nos hacen cómplices de causar daño, comprometemos nuestra paz mental, nuestra capacidad de ver las cosas con claridad y nuestro sentido de conexión con otros seres.

Lamentablemente, como señala Sofi, es casi imposible vivir en la mayoría (¿todas?) de las sociedades modernas sin causar daño a otros seres. Aunque nuestro comportamiento hacia las personas que encontramos en nuestras vidas sea impecable, el simple hecho de participar en la vida moderna nos hace cómplices del daño que se perpetra en todo nuestro planeta, incluida la explotación, la codicia, la destrucción ecológica, la contaminación, el racismo, la violencia y la opresión de las mujeres. Algunos de nosotros tenemos el privilegio y la riqueza de aprovechar opciones de consumo menos dañinas, pero pocas de nuestras opciones resultan estar verdaderamente libres de impactos negativos.

A veces parece que la única manera de vivir una vida sin estrés moral sería vivir completamente “fuera de la red”. Supongamos que no tuviéramos necesidades médicas constantes ni responsabilidades personales que nos ataran a la vida en la sociedad moderna. Supongamos que pudiéramos encontrar los recursos para comprar un terreno adecuado con su propia fuente de agua potable, construir un refugio, generar nuestra propia energía y producir nuestros propios alimentos, ropa y otras necesidades. ¿Vivir así nos absolvería de la responsabilidad por los daños que está haciendo el resto de la civilización humana? Puede que nos sintamos mejor con nuestra vida, pero nuestro bienestar no es independiente del de los demás. Tal vez podamos convencernos de que no es asunto nuestro si el resto del mundo se va al infierno en una cesta de mimbre, pero sin duda una mentalidad tan aislacionista comprometería nuestra experiencia de vida.

 

Abandonar el Hogar Como Respuesta del Budismo Primitivo al Estrés Moral

Las enseñanzas y prácticas Budistas más antiguas parecen alentarnos a aspirar a la mayor pureza moral que podamos alcanzar. Un arhat –alguien que ha alcanzado la meta última de la práctica Budista en esta vida– fue descrito así (son las palabras del Buda Shakyamuni del Sutava Sutta, traducido por Thanissaro Bhikkhu):

…un monje arahant cuyas fermentaciones mentales han terminado, que ha alcanzado la plenitud, ha realizado la tarea, ha dejado la carga, ha alcanzado la meta verdadera, ha destruido totalmente las ataduras del devenir y se ha liberado a través de la gnosis correcta, no puede transgredir estos nueve principios.

 

 [1] Es imposible que un monje cuyas fermentaciones mentales han terminado prive intencionalmente de la vida a un ser vivo. [2] Es imposible para un monje cuyas fermentaciones mentales han terminado tomar, a modo de robo, lo que no se le ha dado… [o] [3] tener relaciones sexuales… [o] [4] decir una mentira consciente… [o] [5] consumir cosas sensuales almacenadas como lo hacía antes, cuando era un jefe de familia.

 

[6] Es imposible para un monje cuyas fermentaciones mentales han terminado seguir un sesgo basado en el deseo… [o] [7] la aversión… [o] [8] el miedo… [o] [9] el engaño.[i]

Las “fermentaciones mentales” que el arhat ha terminado son los asavas, también traducidos como efluentes mentales, contaminantes, típicamente identificados como 1) ansia de placeres sensuales, 2) ansia de existencia y 3) ignorancia de la verdadera naturaleza de las cosas. La idea es que nuestras acciones corporales, verbales y mentales pueden generar más eflujos o, en el caso de la práctica, el cese de los eflujos. Cuando generamos eflujos, estos a su vez crean más sufrimiento y hacen que surjan más eflujos. Si fuéramos capaces de poner fin a nuestros eflujos, como lo hace un arhat, nada en nosotros nos obligaría a realizar acciones egoístas o dañinas.

Desde el principio, el Buda recomendó el camino de “salir del hogar” a quienes quisieran practicar lo que él enseñaba y despertar a lo que él había realizado. Esto era similar a “salir de la red”, excepto que los monjes Budistas vivían en comunidad (incluso mejor, ya que compartir recursos dentro de una comunidad es la forma más eficiente de vivir). Cuando un hombre o una mujer dejaban el hogar para llevar una vida espiritual de renuncia en la antigua India, se alejaban por completo de la sociedad. Abandonaban las relaciones familiares, el estatus, el trabajo y la propiedad. Vivían sin hogares fijos y sin dinero, sin lujos ni entretenimiento y dependiendo de donaciones para sobrevivir. A diferencia de los monjes que practicaron en monasterios permanentes en generaciones posteriores, en el clima cálido de la India las comunidades monásticas Budistas habrían sido más o menos como campamentos limpios y pacíficos para personas sin hogar.

Los preceptos del Vinaya que gobiernan la vida de los que abandonan sus hogares completamente ordenados, o monásticos, (en la época de Buda y ahora) tienen como objetivo garantizar que minimicen absolutamente sus oportunidades de actuar movidos por la codicia y las probabilidades de que inflijan el más mínimo daño a cualquier ser vivo. Existen reglas estrictas contra la posesión de más que el mínimo necesario para la supervivencia, generalmente no más de lo que se puede llevar consigo. [ii] Los monjes que siguen el Vinaya tienen prohibido hacer que se mate a un animal para comer, o matar o dañar a cualquier ser vivo, incluidos los insectos o las plantas. No se les permite cavar en la tierra para no dañar a nada que viva allí, o verter agua si puede haber algo vivo en ella. Sin dinero personal, por supuesto, incluso un monje Vinaya hoy estaría relativamente libre de complicidad en los daños causados ​​por nuestra sociedad moderna. (También prescindirían de las alegrías y comodidades materiales que la mayoría de nosotros valoramos enormemente, incluyendo la propiedad de una casa, cocinar y comer comidas deliciosas de nuestra elección, viajes de placer y pasatiempos que requieren cierta cantidad de dinero.)

Claramente, la vida sin hogar recomendada por el Buda si quieres alcanzar los frutos completos del camino Budista fue cuidadosamente diseñada para permitir que los monjes practicaran sin estrés moral. Se reconoció que los jefes de familia podían hacer casi tanto progreso en el camino como los monjes, pero el Buda y sus discípulos describieron repetidamente esa práctica de esta manera (del Samaññaphala Sutta: Los frutos de la vida contemplativa, traducido por Thanissaro Bhikkhu):

La vida hogareña es restrictiva, un camino polvoriento. La vida fuera de ella es como el aire libre. No es fácil vivir en casa para practicar la vida santa de forma totalmente perfecta, totalmente pura, como una concha pulida.[iii]

Es importante darse cuenta de que durante los últimos 2.500 años de Budismo, pocas sociedades han sido tan igualitarias como la nuestra, y ha sido raro que los laicos tuvieran el tiempo, los recursos y la libertad para practicar el Budismo con las mismas aspiraciones últimas que los monjes ordenados, es decir, la liberación, el despertar, la paz mental y la conducta moral. En la época del Buda y en la mayoría de las culturas Budistas posteriores, los jefes de familia en general no veían como injusto que los monjes “pudieran” vivir de una manera más propicia para la práctica del Dharma ni veían como un insulto que el Buda la llamara un “camino polvoriento y restrictivo”.

El camino que el Buda recomendaba y su valoración del camino laico tenía sentido para ellos. El Buda dio algunos buenos consejos a los jefes de familia sobre cómo administrar sus asuntos y comportarse (véase El Discurso a Sigala),[iv]; pero había poca demanda de enseñanzas sobre cómo practicar profundamente como Budista laico en medio de una vida ocupada y comprometida. Si uno estaba estancado en la vida laica y realmente quería ser monje, se le aconsejaba que rezara para que en una vida futura pudiese convertirse en monje.

 

El Ideal del Bodhisattva Como Modelo Para la Práctica Laica

Afortunadamente para quienes nos dedicamos a la vida laica moderna, el Budismo Mahayana (del que forma parte el zen) presenta una visión diferente del objetivo último de la práctica y de los caminos que podemos tomar para alcanzarlo. Tal vez, con mayor precisión, podríamos decir que el Mahayana es, en general, menos literal en lo que respecta al objetivo último de la práctica, que sigue siendo la liberación, el despertar, la paz mental y la conducta moral.

El modelo original del arhat era alguien que, literalmente, se había desprendido del mundo y había realizado tanto trabajo riguroso sobre sí mismo que ya no estaba sujeto a las fuerzas de la codicia, la mala voluntad o la ignorancia, y ya no tenía la más mínima inclinación hacia la acción egoísta o dañina, ni siquiera para preservar su propia vida. En las enseñanzas Budistas originales se decía que, incluso, si alguien alcanzaba el estado de arhat en la vida laica, dejaría atrás la vida laica como algo natural. Un arhat sigue siendo una persona admirable, por supuesto; durante el resto de su vida enseñará a otros, servirá como ejemplo inspirador y no hará daño. Sin embargo, se los podría comparar con una persona sabia y compasiva que ha elegido vivir en paz completamente fuera de la red; es posible que puedas visitarlos en busca de orientación e inspiración, pero es probable que tu regreso a la vida moderna sea visto por ellos como un compromiso desafortunado.

El ideal Mahayana se convirtió en el bodhisattva, un ser que se entrena rigurosamente como un arhat, pero que permanece comprometido con el mundo por el bien de los demás. Algunos bodhisattvas enseñan el Dharma, pero la mayoría benefician a los seres de otras maneras, incluso como padres, maestros, enfermeros, ingenieros, agricultores, escritores y trabajadores de la construcción. Brindan consuelo y deleite a los seres al compartir todo lo que tienen, incluidas sus posesiones materiales, buena comida, optimismo, fuerza, valentía o claridad. (Ver Episodio 154 – Sutra Avatamsaka – Cada Uno de Nosotros Tiene Dones Únicos de Bodhisattva para Ofrecer para conocer muchas más formas en que los bodhisattvas se manifiestan).

Se dice que el bodhisattva pospone su propia entrada al Nirvana –la liberación completa del mundo del deseo y el sufrimiento– para ayudar a los demás. Hay diferentes maneras de ver este aspecto de la enseñanza, pero yo lo entiendo como que, sin importar cuánto nos esforcemos en practicar, mientras sigamos involucrados en el mundo, nunca alcanzaremos la paz absoluta del arhat. Mientras mantengamos las relaciones y responsabilidades involucradas con nuestro trabajo de bodhisattva, nunca podremos “practicar la vida santa totalmente perfecta, totalmente pura, como una concha pulida”.

Entonces, ¿cómo practica el bodhisattva? Incluso cuando está rodeado de desafíos, distracciones, tentaciones y responsabilidades, el bodhisattva se esfuerza por despertar a la Realidad con R mayúscula. Por su propio bien y por el bien de los demás, intenta reconocer el Vacío del yo. Posteriormente, se ve menos atrapado en el drama del “yo, mí y mío” y, naturalmente, experimenta menos miedo y más compasión. Aspira a despertar a la Talidad, reconociendo así que ya tiene todo lo que necesita y que todo es precioso tal como es. Posteriormente, se siente menos perturbado por lo que sucede y, naturalmente, se siente más abierto y generoso. Practican diligentemente con las Dos Verdades de lo absoluto y lo relativo, aprendiendo a evitar quedar atrapados en el dualismo.

¿No sería más fácil para el bodhisattva despertar a la Realidad con R mayúscula si se fuera de casa? ¿Si se retirara de la sociedad y, de una forma u otra, se desconectara de la red? Tal vez. Tal vez no. Depende del bodhisattva. En última instancia, no podemos saberlo, porque una persona determinada no puede tomar dos caminos y luego comparar los resultados. ¿Más fácil? ¿Más rápido? Después de algunos años de práctica, incluso si estamos en un monasterio, aprendemos que tales preocupaciones solo impiden nuestra práctica y causan miseria. Además, la realidad es que ninguna comunidad monástica está completamente separada del resto del mundo o libre de preocupaciones sobre el dinero, el poder, la dinámica interpersonal o el equilibrio entre la comodidad y el ascetismo. Sé por experiencia personal que puedes estar practicando en el monasterio de tu elección y luego comenzar a soñar con cómo realmente serías capaz de practicar si tan solo pudieras practicar solo en una cueva en una montaña remota. Si alguna vez hubiera tenido la oportunidad de hacer eso, me pregunto a qué se habría unido mi insatisfacción allí.

Desde el comienzo del Budismo Mahayana, se ha enseñado que la elección del camino de la cabeza de familia o monástico importa muy poco para progresar en el camino en comparación con el trabajo que haces en tu propia mente y corazón. Si bien el camino monástico ha sido cuidadosamente diseñado para ser propicio para la práctica contemplativa, la práctica de la cabeza de familia brinda innumerables oportunidades para el despertar, especialmente cuando las cosas no son como nos gustaría que fueran. Por ejemplo, ¿qué mejor situación para dejar ir la narrativa sobre uno mismo que cuando uno es despedido de un trabajo que creía haber hecho bien? ¿Qué mejor oportunidad para enfrentar la impermanencia que sentarse junto a la cama de un ser querido que está muriendo? Cuando surge la ira porque uno es víctima de una injusticia, ¿Qué significa dejar ir la ira? Puede que notes que la ira, en el momento, es más o menos sinónimo del pequeño yo, y al dejarla ir saboreas el Vacío. Las exigencias de la vida moderna significan que es imposible mantener un estado de conciencia consciente de uno mismo todo el tiempo; ¿puedes ver que la conciencia también es no-yo?

Una vez, cuando me quejaba de tener que practicar en un concurrido centro Zen laico en el centro de la ciudad en lugar de en un monasterio, mi maestra Gyokuko dijo: “Si no puedes practicar aquí, no puedes practicar en ningún lado”. Esto no significa que nunca debamos hacer cambios en nuestras vidas. A veces, un cambio en nuestra situación es un gran acto de compasión por nosotros mismos. Sin embargo, en última instancia, ninguna situación será perfecta y tendremos que practicar aquí mismo.

Próximo episodio: El estrés moral del bodhisattva, lo que significa hacer lo mejor que podamos y la práctica de  tomar atajos morales de manera consciente.

 


Referencias

[i] “Sutava Sutta: A Sutavan” (AN 9.7), traducido del Pali por Thanissaro Bhikkhu. Access to Insight (Edición BCBS), 30 de noviembre de 2013,

http://www.accesstoinsight.org/tipitaka/an/an09/an09.007.than.html

[ii] “Las reglas de Bhikkhu: Una Guía para Laicos”, compilada y explicada por Bhikkhu Ariyesako. Access to Insight (edición BCBS), 17 de diciembre 2013:

https://accesstoinsight.org/ati/lib/authors/ariyesako/layguide.html%23req4

[iii] “Samaññaphala Sutta: Los frutos de la vida contemplativa” (DN 2), traducido del Pali por Thanissaro Bhikkhu. Access to Insight (Edición BCBS), 30 de noviembre de 2013,

http://www.accesstoinsight.org/tipitaka/dn/dn.02.0.than.html

[iv] “Sigalovada Sutta: El Discurso a Sigala” (DN 31), traducido del Pali por Narada Thera. Access to Insight (BCBS Edition), 30 de noviembre de 2013,

http://www.accesstoinsight.org/tipitaka/dn/dn.31.0.nara.html

 

Créditos de la Fotografía

Imagen por Brian Merrill de Pixabay

 

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