Category: Práctica Budista, Enseñanzas Budistas ~ Translator: Claudio Sabogal
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Una forma de enmarcar nuestra práctica es decir que tiene un aspecto de “traslación” y un aspecto de “transformación”. Traslación significa aplicar las enseñanzas y prácticas Budistas a nuestra vida para liberarnos a nosotros mismos y a los demás del sufrimiento, y vivir con mayor sabiduría y compasión. Transformación significa buscar la trascendencia del yo y de todas sus visiones limitadas a través de un proceso incesante de investigación, en aras de una liberación aún más profunda y estable. Hablo de cómo cada aspecto es valioso, en qué se diferencian y aclaro lo que quieres de tu propio camino espiritual.
Contenido
- Traslación versus Transformación
- El Aspecto de “Traslación” o “Aplicación” de la Práctica
- Cuando la Traslación “Deja de Consolar”
- El Aspecto de “Transformación” de la Práctica
- Claridad y Realizar tu Práctica Propia
Traslación versus Transformación
Pasé la semana pasada en un retiro intensivo de meditación silenciosa, Rohatsu sesshin. Siempre vuelvo de la sesshin con ganas de hablar sobre lo valiosa que es esta experiencia, pero en lugar de eso discutiré algunos de los valores de la sesshin colocándolo en el contexto más amplio de nuestra práctica Budista en su conjunto.
Voy a enmarcar nuestro camino de práctica a lo largo de toda la vida en dos aspectos: traslación y transformación. Mis maestros (Gyokuko y Kyogen Carlson) usaban a menudo estos dos términos, pero hasta que comencé a investigar para este episodio no sabía que los términos “espiritualidad traslacional” versus “espiritualidad transformativa” fueron acuñados por el escritor y filósofo moderno Ken Wilber. En cierto sentido, esta “traslación versus transformación” es otra forma de expresar lo que he estado llamando “trabajo de karma” versus “trabajo de despertar”, pero no exactamente. A veces es útil replantear las cosas en aras de obtener nuevos conocimientos, sin preocuparse demasiado por cómo se relaciona un marco con otro.
Con algo de esfuerzo, localicé un ensayo en el que Wilber presenta sus ideas sobre este tema (si cita a alguien en la web, por favor incluya una cita de la fuente!). Esto es de su ensayo “Traslación versus transformación”, que se puede encontrar en el volumen The Essential Ken Wilber: An Introductory Reader.[I]
Con la Traslación, al yo simplemente se le da una nueva forma de pensar o sentir acerca de la realidad. Al yo se le da una nueva creencia: quizás holística en lugar de atomística, quizás perdón en lugar de culpa, quizás relacional en lugar de analítica. El yo aprende entonces a traducir su mundo y su ser en los términos de esta nueva creencia o nuevo lenguaje o nuevo paradigma, y esta nueva y encantadora Traslación actúa, al menos temporalmente, para aliviar o disminuir el terror inherente en el corazón del ser separado…
~ Pero con la transformación, el proceso mismo de Traslación es desafiado, presenciado, socavado y finalmente desmantelado… en algún punto de nuestro proceso de maduración, la Traslación en sí, sin importar cuán adecuada o segura sea, simplemente deja de consolarnos. Ninguna nueva creencia, ningún nuevo paradigma, ningún nuevo mito, ninguna nueva idea frenarán la angustia invasora. No una nueva creencia para uno mismo, sino la trascendencia total del yo, es el único camino que sirve.[II]
Para reformular esto en palabras Budistas, el aspecto de traslación de la práctica significa aplicar las enseñanzas y prácticas Budistas a tu vida diaria, ayudándote a vivir con menos sufrimiento y mayor sabiduría y compasión. El aspecto transformador de la práctica significa buscar la trascendencia del yo y de todas sus visiones limitadas a través de un proceso incesante de investigación, en aras de una liberación aún más profunda y estable.
Hablaré más sobre mis definiciones de traslación y transformación en un momento, pero primero quiero hacer algunas advertencias sobre el uso de los términos de Wilber. Francamente, dudo en referirme al ensayo de Wilber, porque hay muchas cosas en él con las que no estoy de acuerdo y que creo que son potencialmente dañinas. No tengo ningún interés en convertir este episodio en un comentario sobre su trabajo, pero en caso de que sigas mi cita y leas el ensayo de Wilber sobre transformación y traslación, estas son mis objeciones:
En primer lugar, Wilber admite que habla de una manera “resta importancia” a la espiritualidad traslacional, cuando dice: “el yo, al menos temporalmente, se vuelve feliz en su aferramiento, contento en su esclavización, complaciente frente a la realidad de gritar con terror, que es de hecho su condición más profunda”. [III] Admite que todos tenemos que hacer alguna traslación para mantener nuestra cordura, pero tiene claro que el verdadero trabajo radica en la transformación. Encuentro esta presentación muy dualista y creo que la auténtica práctica Budista traslacional es beneficiosa, noble y necesaria, no superficial ni conducente a la complacencia. Explicaré más de mi pensamiento más adelante.
En segundo lugar, Wilber describe el proceso y resultado de la espiritualidad transformacional de una manera muy negativa y violenta. Me imagino que en otros lugares habla de la maravilla de la liberación, pero en “Traslación versus Transformación” dice: “con la transformación radical, el yo mismo es indagado, mirado, agarrado por el cuello y literalmente estrangulado hasta la muerte”.[IV] Considero que esta descripción es inútil, inexacta y potencialmente peligrosa.
El vacío debe experimentarse en el proceso de transformación, pero no existe un yo inherente al que agarrar y estrangular, y mucho menos matar. El yo es trascendido pero no destruido. Como dice Dogen, la gota de rocío refleja toda la luna y no se destruye en el proceso. Imágenes violentas como ésta fomentan la disociación destructiva y las batallas internas que desperdician nuestra energía y pueden dañar nuestra salud mental. Hay algo de verdad en la afirmación de Wilber: “La espiritualidad transformadora, la espiritualidad auténtica… no contenta al yo, sino que lo deshace” (de lo que hablaré más adelante), pero en general, encuentro que sus descripciones de la transformación como “destructoras” y ” fragmentadoras” del mundo y provocar la “muerte” del yo es dualista y engañoso.
El Aspecto de “Traslación” o “Aplicación” de la Práctica
No obstante, creo que Wilber diferencia dos aspectos de la práctica espiritual (traslación versus transformación) de una manera que puede resultar útil si los conceptos se utilizan con habilidad. De ahora en adelante usaré estos conceptos a mi manera, con el debido respeto a Wilber, y no pretendo presentar su visión.
Primero, exploremos el aspecto de la traslación de la práctica. Tenga en cuenta que estoy hablando de ello como un “aspecto” de la práctica, no como un camino alternativo, separado o inferior. Otra forma, quizás mejor, de etiquetar esta parte de lo que hacemos es “aplicación”. Encontramos las enseñanzas Budistas y las trasladamos o aplicamos a nuestra propia vida, ayudándonos a vivir con menos sufrimiento y con mayor sabiduría y compasión.
Por ejemplo, aprendemos las enseñanzas sobre dukkha, o la insatisfacción causada por nuestro deseo de que las cosas sean diferentes a como son. Cuando aplicamos esta enseñanza a nuestra vida, ayudamos a aliviar una gran cantidad de sufrimiento. Aprendemos la enseñanza de los cinco skandhas: que nuestro ser está compuesto de forma, sensación, percepción, formaciones mentales y conciencia, y que todas esas partes componentes son impermanentes y no pueden captarse. Explorar esto en nuestra propia experiencia puede ayudarnos a sentirnos menos apegados a cualquier aspecto particular de nuestro ser. Estudiamos los preceptos morales y los utilizamos para guiar nuestra vida, notando cómo nuestra inclinación a romper un precepto suele ser síntoma de apego a uno mismo. Practicamos ser más generosos, amables, gentiles y pacientes, y descubrimos a través de nuestra experiencia directa que esto resulta en una vida mejor. Nos sentamos en zazen, creando un espacio sagrado para el silencio y la quietud en medio de nuestras actividades. Estudiamos nuestro yo, deshaciendo lenta pero seguramente nuestros nudos kármicos para liberarnos de la reactividad, la ira y el miedo.
Las enseñanzas y prácticas Budistas son beneficiosas desde el principio hasta el final de nuestra práctica. Son beneficiosos incluso si solo aplicamos una enseñanza o traducimos una sola práctica en acción en nuestra vida diaria. Gracias a la práctica de la traslación nos volvemos más conscientes de nuestro pensamiento, habla y comportamiento. La lista de beneficios es interminable. A través de la práctica de la traslación nos convertimos en mejores padres/madres, hijos/as, socios/as, amigos/as y ciudadanos/as. El Buda dijo que su único propósito era aliviar el sufrimiento, y la práctica de la Traslación lo logra de innumerables maneras. Hagamos lo que hagamos (incluso si nos centramos intensamente en el aspecto de “transformación” de la práctica), nuestra práctica vale poco si no la trasladamos o aplicamos a nuestra vida real. Incluso si somos monjes en un monasterio, la mayor parte de nuestro trabajo es la práctica de la traslación.
Cuando la Traslación “Deja de Consolar”
Cuando Wilber dice que la práctica de la traslación “hace que el yo esté contento”, tiene razón. Yo diría que somos afortunados si esa práctica nos hace sentir satisfechos. Que así sea depende en gran medida de las circunstancias de nuestra vida, tanto internas como externas. Nuestra vida puede estar llena de dolor, dificultades, pena y confusión; si es así, es probable que ninguna práctica de traslación nos haga sentir verdaderamente satisfechos. O nuestra vida puede ser afortunada y pacífica, pero por alguna razón algo dentro de nosotros permanece insatisfecho. Como dice Wilber en el pasaje que cité antes, la traslación “no importa cuán adecuada o segura sea, simplemente deja de consolar”. No se explica por qué una persona se siente verdaderamente satisfecha en un conjunto determinado de circunstancias, mientras que otra, que vive una vida muy similar según todas las apariencias, está llena de desesperación o angustia existencial.
¿Qué hay de malo en estar contento? En cierto sentido, nada en absoluto. Si estás contento, especialmente si practicas para aliviar el sufrimiento y vivir con mayor sabiduría y compasión, ¡más poder para ti! Más adelante discutiré la importancia de hacer tu propia práctica sin compararla con la de otros, o con alguna idea de cómo debería ser.
Sin embargo, si no estás contento, lo sabes. Una forma Budista de describir este estado es samvega, como mencioné en el Episodio 86 – Samvega y Pasada: Dos Emociones Budistas Indispensables para la Práctica. Una vez más compartiré una breve cita de Thanissaro Bhikkhu sobre el samvega:
Es una palabra difícil de traducir porque cubre una gama muy compleja: al menos tres grupos de sentimientos a la vez: la sensación opresiva de conmoción, consternación y alienación que surge al darse cuenta de la inutilidad y el sinsentido de la vida tal como se vive normalmente; un sentido castigador de nuestra propia complicidad, complacencia y necedad por habernos dejado vivir tan ciegamente; y un ansioso sentido de urgencia al tratar de encontrar una salida a este ciclo sin sentido.[V]
En el Zen, la motivación para buscar más allá de la práctica de la traslación a veces se denomina la “Gran Duda”. Como dije en el Episodio 236 – Investigación Espiritual Parte 5: Koans y Despertar: “Nuestra Gran Duda tiene que ver con la naturaleza misma de nuestra existencia. No se ve afectada por nuestro karma. No se trata de los innumerables detalles de nuestras vidas: nuestra personalidad, experiencias infantiles, logros, fracasos, relaciones, desafíos de salud, opiniones, valores, etc. Mi Gran Duda no es fundamentalmente diferente de tu Gran Duda. El simple hecho de estar vivo nos presenta tensión y misterio. ¿Cuál es la naturaleza de esta vida que huye? ¿Quién soy? A esto también se le llama el Gran Tema de la Vida y la Muerte, y la compartimos con todos los seres. De hecho, la compartimos con todo el Ser. Mientras no hayamos resuelto nuestra Gran Duda, no habremos identificado ni abordado la causa fundamental de nuestro miedo y anhelo”.
El Aspecto de “Transformación” de la Práctica
Una de mis cosas favoritas del Budismo es que nos da un lugar adonde ir, algo que hacer, si experimentamos samvega o Gran Duda, si la vida tal como se vive normalmente no nos satisface plenamente, incluso aunque estemos practicando la traslación. Nos dice que nuestra intuición es correcta: que puede haber más en la vida, que hay otras formas de ser y percibir que pueden abordar y aliviar nuestra desesperación y angustia existencial. ¡Qué maravilloso! Nuestra tradición nos dirige entonces hacia el aspecto de “transformación” de la práctica.
Veo el aspecto de transformación de nuestra práctica como esencialmente sinónimo de lo que he llamado “trabajo de despertar”. En el episodio 236 dije que el trabajo del despertar “implica esforzarse por lograr una experiencia directa y personal de las verdades más profundas de nuestra existencia, verdades que compartimos con toda la vida”. Específicamente, significa tratar de despertar a lo que he estado llamando “Realidad con R mayúscula” en mi serie “Una realidad, muchas descripciones”, incluidas las verdades del Vacío, la Talidad y la Naturaleza Búdica. Al comienzo de esa serie, expliqué:
“El Budismo no se trata de deidades, poderes sobrenaturales, la vida después de la muerte, el cultivo de capacidades espirituales especiales o el logro de estados trascendentes. Se trata pura y simplemente de ver la verdad. La promesa del Budismo (la razón por la que te anima a buscar la verdad) es que es maravilloso despertar ante la verdad. Al contrario de lo que podríamos temer, la Realidad no es aterradora, sombría, infernal o carente de significado. En cambio, una vez que nos damos cuenta de cómo son realmente las cosas, nos damos cuenta de que son nuestros engaños los que causan sufrimiento, no la Realidad. Ver la Realidad con claridad es liberador. Nos da acceso a una tranquilidad incondicional, ecuanimidad, compasión e incluso alegría”.
Cuando somos transformados por la percepción de la Realidad con R mayúscula, podemos sentir, a veces, que nuestro pequeño sentido de identidad se ha “deshecho”, como lo expresa Wilber. Vemos cómo nuestra propia visión construye toda nuestra visión de nosotros mismos, de nuestras vidas, del mundo y de lo que tiene significado. Hasta ahora hemos asumido que nuestra opinión es sinónimo de verdad y nos hemos basado completamente en ella. Incluso un pequeño vistazo a la Realidad que es infinitamente más grande que nuestra visión anterior nos hace comenzar a cuestionar nuestras suposiciones.
Un despertar significativo a la Realidad con R mayúscula puede hacernos sentir como si fuéramos un actor de una obra de teatro que de repente se da cuenta, por primera vez, de que estamos en una obra de teatro. Hasta que nos damos cuenta, hemos estado completamente atrapados en el drama, lamentándonos cuando algo terrible le sucede a nuestro personaje y regocijándonos cuando algo maravilloso está escrito en el guión para nosotros. Cuando nos damos cuenta de que estamos en una obra de teatro (es decir, que lo importante no es la suerte de nuestro personaje individual, sino la belleza o la calidad edificante de la historia en su conjunto), ese cambio de perspectiva puede resultar bastante desorientador. Incluso algo traumático. Pero el resultado final del cambio es positivo; una vez que empezamos a sospechar que todo es sólo una obra de teatro, es imposible tomárnoslo todo tan personalmente.
Si continuamos con esta metáfora de darnos cuenta de que estamos en una obra de teatro, debemos apartarnos de una narrativa normal para mantenerla precisa en términos de nuestra práctica Budista. En la práctica, cruzamos la puerta abierta del teatro hacia la luz del día y nos tomamos un tiempo para absorber la enormidad de nuestro cambio de perspectiva. Esto lo cambia todo. Pero somos un actor/actriz. Ese es nuestro trabajo, nuestra vida. Lo amamos. Somos necesarios. Entonces, volvemos al teatro. Volvemos a habitar nuestro personaje, empleando un método de actuación apasionado para hacer que nuestra actuación sea lo más auténtica y conmovedora posible. Cuando nuestra actuación es realmente buena, nos olvidamos de que estamos en una obra de teatro.
Desafortunadamente, cuando uso la metáfora de una obra de teatro, puede parecer que estoy sugiriendo que una vida despierta o transformada no es sincera: que después de despertar simplemente estamos fingiendo y realmente no nos preocupamos por otras personas o la trama de la obra. La metáfora del juego se desmorona aquí, porque el verdadero despertar nos deja más solidarios y compasivos que nunca, pero de una manera diferente que antes. Incluso mientras avanzamos en nuestras vidas, comprometiéndonos plenamente, contribuyendo de todo corazón, sintiendo una gran simpatía por los seres que sufren, siempre hay una parte de nosotros que es consciente de una perspectiva más amplia. Esa perspectiva nos libera de ser demasiado egocéntricos y nos da una mayor ecuanimidad.
Hablé de la naturaleza del despertar o la iluminación en el Episodio 101 – El Koan del Despertar: ¿Conoces Ya la Verdad Esencial o No? Es importante comprender que nada se destruye en el despertar Budista. Nuestra creencia en la naturaleza inherente, duradera e independiente del yo nunca será tan fuerte y, en ocasiones, puede incluso desaparecer, pero esto no sucede debido a un proceso dualista de asalto interno como lo describe Wilber. Naturalmente, desaparece o disminuye en importancia a medida que percibimos la Realidad con R mayúscula.
Muy brevemente, quiero decir algo sobre el papel de la sesshin, o retiro silencioso de varios días, en nuestra práctica. Cuando se trata del aspecto transformador de la práctica, esta es, con diferencia, la herramienta más eficaz y fiable que tenemos. No voy a decir que la sesshin es necesaria, en el sentido de que no puedes despertar a la Realidad con R mayúscula sin él. Si meditas mucho, tienes un buen maestro y una gran pasión por el Dharma, todo es posible. Sin embargo, es muy poco probable que la mayoría de nosotros seamos capaces de penetrar lo suficiente en nuestra gruesa capa de suposiciones, puntos de vista, apegos y hábitos fuera del entorno simplificado e intensivo del retiro silencioso. Las ideas definitivamente ocurren fuera de la sesshin, pero a menudo son posibles gracias al trabajo que hacemos en la sesshin. Hablo de la sesshin en detalle en estos dos episodios:
Episodio 21 – Sesshin: Retiros de Meditación en Silencio 24 Horas al Día, 7 Días a la Semana
Episodio 189 – Reuniendo el Corazón-Mente: La Celebración de Una Sesshin
¿Necesitas hacer un retiro silencioso si no estás tan interesado en el aspecto transformador de la práctica? ¿Estás bastante contento con tu vida tal como es y simplemente disfrutas de la forma en que la práctica Budista la apoya e informa? Por supuesto que no. No te hará daño si practicas una sesshin, por supuesto, aunque es posible que te resistas fuertemente a algunos de los aspectos más arduos del retiro, como sentarte durante 8 horas al día o tener que cumplir con un horario comunitario de 24 horas. si no estás muy motivado por samvega o la Gran Duda, o al menos por algún tipo de codicia por experiencias de iluminación.
Una nota más: ir a una sesshin no resulta en un despertar o transformación instantáneos. Como todo lo demás en el Zen (y el Budismo), es una práctica que resulta más efectiva si te comprometes con ella sin demasiadas expectativas sobre los resultados o los plazos. Es muy poco probable que despiertes al Vacío de manera significativa en una sesshin. O dos. O tres. Sin embargo, si continúas yendo a una sesshin, tendrá un efecto en ti.
Claridad y Realizar tu Propia Práctica
En resumen, entonces, el aspecto de traslación de la práctica es necesario para todos nosotros e implica aplicar las enseñanzas y prácticas Budistas/zen a nuestras vidas, lo que resulta en menos sufrimiento para uno mismo y para los demás, y mayor sabiduría, compasión y habilidad. El aspecto transformador de la práctica significa buscar la trascendencia del yo y de todas sus visiones limitadas a través de un proceso incesante de investigación, en aras de una liberación aún más profunda y estable. Algunos de nosotros nos vemos impulsados hacia la transformación por samvega o Gran Duda. Hay un dicho zen cuyo origen no me molestaré en investigar en este momento: Pequeña duda, pequeña realización. Gran duda, gran realización.
¿Qué pasa si no sientes samvega, la angustia espiritual o existencial que nos preocupa a algunos de nosotros?
Confieso que en mis primeros años de práctica me sentí superior a aquellos que parecían menos preocupados que yo. A aquellos que parecían realmente contentos con sus vidas los juzgué especialmente como superficiales o engañados. Sin embargo, en un momento mi perspectiva cambió. Me deshice de todas mis posesiones y responsabilidades mundanas y me escapé a un monasterio Zen. Pasé la mayor parte de mis días en silencio y podía sentarme en sesshin una vez al mes. Todo lo que tenía que hacer era contemplar el Dharma. Un día se me ocurrió que tal vez yo era la que tenía el problema, no las personas que conocía y que estaban contentas, apreciando sus vidas y tratando de ser buenos padres/madres, hijos/as, socios/as y amigos/as.
Ahora creo que lo más importante es que aclaremos nuestra propia vida y práctica y nos comprometamos de todo corazón con ella sin compararnos con los demás. Estaba reflexionando sobre este episodio y me pregunté: “¿Cuál es tu punto? De todos modos, ¿por qué sacar a relucir todo este asunto de la “traslación” versus la “transformación”? ¿Cómo es útil? En el peor de los casos, la gente se obsesionará con estos términos y los utilizará para juzgarse a sí misma y a los demás. “Oh, fulano de tal es sólo un trasladador“. O “No soy muy adepto espiritual, será mejor que me limite a la traslación”. O “La traslación es un camino menor; ¡Voy por la transformación! Si se encuentra pensando en alguna de estas cosas, intente olvidarse de todo este episodio del podcast lo más rápido posible.
¿Qué es potencialmente útil en todo este paradigma de “traslación” versus “transformación”? En primer lugar, si está bastante satisfecho con su vida y satisfecho con lo que llamo el aspecto de traslación de la práctica, espero que te aclares esto y lo aceptes. Espero que nunca te sientas como un Budista “menor” o miembro de una Sangha porque no te atormenta la angustia existencial. Espero que aceptes tu práctica como completamente legítima y maravillosa, incluso si nunca te sientes llamado a hacer algo loco como ir a un retiro y meditar durante 8 horas al día. Yo mismo he sido culpable, en ocasiones, de hablar del Budismo como algo fundamentalmente relacionado con el despertar. Algunas personas dirán que sí, pero creo que esto descuenta un buen 90% de la práctica, incluyendo la atención plena diaria y el zazen, la moralidad y el modo de vida y la palabra correctos.
En segundo lugar, si tú te sientes atraído por la transformación, espero que lo aclares para ti y lo aceptes. Comprende que la transformación es un asunto completamente diferente a la práctica de la traslación, aunque todas las prácticas de traslación nos preparan para el despertar y establecen hábitos de cuerpo, habla y mente que concuerdan con la Realidad con R mayúscula incluso antes de que despertemos a ella. . Si puedes, prioriza el zazen y el retiro en silencio. Trabaja con un maestro. Desafíate a ti mismo/a. Según el Budismo, es una oportunidad extremadamente rara y preciosa dar a una vida humana, además del apetito por el Dharma, la oportunidad de practicar.
Referencias
[I] Wilber, Ken. The Essential Ken Wilber: An Introductory Reader (p. 140). Shambhala. Edición Kindle
[II] Ibid, p. 142
[III] Ibid, p. 141
[IV] Ibid, p. 141
[V] Thanissaro, “Affirming the Truths of the Heart: The Buddhist Teachings on Samvega & Pasada”
https://www.dhammatalks.org/books/NobleStrategy/Section0004.html
Créditos de la Ilustración
Imagen de 愚木混株 Cdd20 de Pixabay






